California 2026 - 18 SEP (dia 5)

Ayer comentaba que los redwoods se encontraban cerca de zonas costeras y en este mapa se ve perfectamente en verde dónde está situado el Redwood National and State Park. Pegadito bien pegadito al mar. Lo que no comenté es la razón principal de esta localización: por su tamaño y constitución, estos arboles necesitan regularmente las gotas en suspensión de la bruma marina (porque bombear agua desde las raíces a casi 100 metros de altura es casi inviable) y aquí muchas mañanas las nubes del mar lo cubren todo. 

En el centro de visitantes Kuchel (el “you are here” que se ve en la foto de arriba) se explica bien esto, al igual que dejan muy claro que si hoy tenemos esta maravilla ante nosotros es porque muchísimas personas pelearon durante años por su conservación para generaciones posteriores. Si hubiese sido por la industria maderera, esta zona sería en estos momentos un arenero gigante o una zona de casas de lujo junto al mar. En fin. 

Después de la inmersión cultural, hemos estado un rato paseando por la playa. Las fotos quedaban un poco deslucidas por tener el cielo gris pero quizá por eso hemos estado mas atentos a otras cosas: por ejemplo, hemos visto una nutria marina jugueteando con las olas y varias bandadas de pelicanos pardos de California (en la foto se ve unos cuantos en formación, pero de vez en cuando aparecían grupos más pequeños y alguno se ha llegado a tirar en picado al mar - a por una rica presa, imagino!)

Y tras la pequeña observación de fauna local, llega la de botánica salvaje. Aunque Lady Bird Johnson Grove está a tan sólo 10 minutos del centro de visitantes, la carretera que lleva hasta allí es empinadísima y tiene unas curvas cerradas que quitan el hipo. El parking es pequeño (a ojo diría que sólo tiene 20/25 plazas para coches) y muchos terminan aparcando fuera en el arcén cercano. Nosotros hemos tenido suerte y hemos pillado sitio porque justo se iba uno en ese momento. Desde allí se ve perfectamente el curioso puente de madera que cruza la carretera y que da acceso a la excursión. 

No tardas muchos minutos en sentir que aquello es diferente, que todo allí es enorme y que el extraño… eres tú. Es difícil explicar con palabras lo que vives paseando entre tantos árboles centenarios / milenarios, pero más difícil aún es querer capturarlo todo en una simple foto. No, no se puede. 

Otra cosa más: en estos bosques quien domina todo es… EL SILENCIO. Y esto tiene una explicación bastante curiosa. Los redwoods (y las secuoyas) tienen muchísimos taninos en su corteza que a su vez es un repelente natural de insectos. Así que si no hay insectos, no hay casi pájaros. Y si a esto le añadimos los troncos inmensos, el suelo lleno de hojas y musgo por muchísimas zonas… pues estaríamos como en una enorme habitación natural insonorizada. El silencio es tan impactante que te aplasta, como si no tuvieses ganas ni de hablar. Sólo mirar, mirar y mirar mientras te vas sujetando la mandíbula ante tanta maravilla. Y una excursion de una hora se puede convertir fácilmente en dos o tres. Aquí el tiempo se detiene y todo lo demás… ya da igual.

Aún hipnotizados por lo que acabábamos de ver, hemos llegado al hotel para dejar los trastos y luego nos hemos acercado hasta Arcata (el pueblo de al lado) para cenar. Se nota que aquí hay más vidilla, especialmente en la zona de la plaza principal - plaza que, por cierto, recuerda mucho mucho a la del ficticio Hill Valley de Regreso al Futuro -. Hemos entrado en un italiano al azar y hemos pedido pizza y berenjena con queso. No estaba nada mal, aunque no hemos podido terminarlo todo porque las raciones eran enormes. De hecho, casi todo el mundo salía del restaurante con su cajita de sobras para llevárselo a casa. 

Y ahora… a dormir, que ya toca.

Nas nochess…


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