El Kenai Fjords National Park ganó su estatus de Parque Nacional hace 46 años y desde entonces no ha hecho más que ganar visitantes. Parte de ese éxito se debe a que es de los pocos parques de Alaska a los que se puede acceder por carretera y parte porque los tours para verlo desde el mar son muy variados y están estupendamente bien organizados (ayer pudimos comprobarlo de primera mano). Siendo el parque más pequeño de Alaska, parece que lo tiene todo: glaciares, fiordos, fauna variada. Eso sí, sólo tiene un par de excursiones posibles a pie desde la zona de Exit Glacier. Pues nada, allá que vamos.
Así que hoy prontito hemos salido de nuestra cabañita del bosque para poder aparcar junto al centro de interpretación. Por una vez, los europeos con jetlag jugamos con ventaja, incluso siendo domingo, jeje. Y allí ya nos hemos encontrado con los primeros carteles de aviso que venían a decir algo así como “ojito, senderista, que esto es zona de osos”. Nosotros somos gente preparada así que hemos sacado nuestros mini-cencerros y los hemos colgado en las mochilas. Se trata de hacer ruido y ser molestos para generar rechazo en los animales que pudieran estar en las proximidades. El único problema es estar cerca de un río, porque ahí no va a funcionar. Entonces habrá que pasar al plan B: música descargada en el móvil de Hard Rock y Nu Metal. Ufff… huid rápido bichejos o pongo un par de estas tonadillas en bucle!
La primera parte de la excursión es bastante sencilla (es llana y está asfaltada), pero luego empieza la parte interesante que se adentra aún más en el bosque. Durante el trayecto aparecen diferentes carteles recordando hasta donde llegaba el glaciar en determinado año. Da un poco de pena pensar que gracias al retroceso del mismo hoy hemos podido estar aquí, pero bueno, una cosa por la otra. Y cuando al final llegas al mirador y eres consciente de la masa de hielo que ya no está, aparece esa sensación agridulce por dentro. Eso sí, las vistas son preciosas, incluso con nubes grises.
Después de todo nuestro periplo mochilero, nos hemos despedido de esta zona y hemos pasado a la siguiente etapa del viaje: Chugach State Park. Aunque antes de adentrarnos en él, hemos hecho una parada en el Alaska Wildlife Conservation Center. Se trata de un recinto habilitado para que muchos animales que ya no pueden estar en libertad por algún motivo, puedan tener un sitio tranquilo en el que pasar sus días. Para nosotros supone una oportunidad única para ver fauna que sería mejor no encontrarse con ella en ninguna excursión: puercoespines, osos negros, osos pardos, linces, búhos, bisontes, bueyes almizcleros y, por supuesto, el que más asociamos a Alaska: el gran alce americano (“moose”). Qué pasada. Muy recomendable este lugar para un primer viaje.
Esta noche dormimos en Girdwood. Después de dejar los trastos en el hotel (ufff… cómo se echa de menos la cabañita!), hemos ido a cenar al Chair 5 Restaurant. Es el típico bar / restaurante de pueblo pequeño que tiene que darlo todo en temporada estival, así que parece que va al limite de sus posibilidades. Al principio nos han dicho que la comida tardaría como unos 45 minutos en salir, pero luego se ha quedado en menos de 30. No está tan mal. Al menos aquí no son como en el primer sitio al que hemos ido a preguntar, el Basecamp, donde nos han contado una milonga sobre la reserva de mesas y bla bla bla (léase, “lo siento guiris, sólo sois dos y aquí queremos grupos más grandes que me dejen más pasta”)
Por cierto, en las pantallas de TV del bar estaban reponiendo el partido de España contra Arabia Saudita (ya sabíamos el resultado pero nos ha hecho mucha gracia poder verlo un poco, jeje)
En fin, a dormir ya que me caigo de sueño…





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