Japon 2017 - 17 NOV (dia 4)

Qué buenos son, que nos llevan de excursión. Pues claro que si: los japoneses también nos permiten conocer el país gracias a su exquisito y puntual servicio de trenes.

A una hora de Kyoto se encuentra Nara, la antigua capital del Japón medieval. Teniendo el Japan Rail Pass, no hay problemas de acceso, pero conviene estar con margen suficiente para poder hacer el viaje sentado, porque es una línea bastante transitada y no se puede reservar asiento.

Una vez llegas a la estación no hay manera de perderse: tienen mapas muy bien explicados para que vayas directamente hasta el gran parque de la ciudad. 

Por si fuera poco, hay una señal inequívoca de que estás cerca del parque: un montón de coches parados durante un buen rato en un paso de cebra. Por favor, pinchad en la foto y observad con detenimiento. Exacto. Bienvenidos al parque de Nara... donde los ciervos son los indiscutibles protagonistas del recinto.

Y es que estos ciervos sika llevan mucho tiempo acostumbrados a los mimos de la gente. Hay varios puestos ambulantes de galletas especiales para ellos y por 150 yenes (1,16 euros) puedes disfrutar como un enano mientras les das de comer, haces fotos, vídeos, y hasta les esquivas cuando salen a tu paso pidiendo más. También se acercan a las tiendas y asoman la cabeza a ver si hay comida. Definitivamente, somos su despensa ambulante. Por eso, cuando no les haces caso, terminan buscándote de alguna manera. Hay carteles en el parque avisando que lo mismo te pueden morder o darte algún lametón, así que hay que estar atentos.

Obviamente los lugareños están más que acostumbrados. Me ha sorprendido muchísimo ver a un grupo de pequeñajos que estaban de excursión escolar. Estos animales son casi más altos que ellos y, sin embargo, ahí estaban dándoles de comer y sin miedo alguno.

Y, no sé si esto es todos los viernes, pero aquí había muchos más grupos de varias edades, cada uno con su traje y/o gorrito distintivo. Por cierto, que uno de ellos nos ha hecho una encuesta cultural. Tendrían entre 10 y 12 años, y estas preguntas formaban parte de una actividad de la clase de inglés. Se han presentado, nos han preguntado como unas 10 cosillas típicas (de dónde eres, cual es tu comida favorita de Japón, qué ciudad te gusta más de Japón,...), vamos, todo muy básico, pero todo un logro para estos chavales. Al final nos han regalado una pajarita de papel como gesto de agradecimiento (preciosa!!) y nos hemos hecho unas fotos. Ohhhh... que majetes!!

** Dato para los curiosos: aunque el gran parque de la ciudad se creó a finales del S.XIX, los ciervos siempre se habían considerado sagrados en la zona. Según cuentan, uno de los cuatro dioses del Santuario Kasuga (que está actualmente dentro del recinto) se apareció un día montado en un ciervo blanco. Desde entonces, se consideran animales sagrados e intocables.

Por cierto, estos ciervos mueven la cabeza de arriba a abajo como si estuvieran saludando. Supongo que será algo que ha ido pasando de generación en generación después de tantísimo contacto con los humanos, pero si haces una reverencia antes de darles comida, ellos te la devuelven automáticamente. Es tremendo.

De Sintoísmo no sé casi nada. Digamos que la idea que tengo desde siempre es bastante estereotipada y asocio los Torii (esos grandes arcos rojos) con una especie de búsqueda de paz interior. Pero claro, conseguir esto con tanta gente es bastante complicado. Hasta que hemos entrado en el santuario Tamukeyama Hachimangu - un humilde recinto que casi pasa desapercibido, donde la tranquilidad y el silencio casi se palpan. Aunque se ha reformado varias veces, tiene partes bastante descuidadas aparentemente, pero cuyo valor se puede apreciar una vez te acercas. 

Pero quizá la verdadera razón por la que este santuario queda fuera del radar turístico es que a poco más de 5 minutos se encuentra el impresionante templo budista Todai-ji, la gran construcción del parque. Está fechado en el S.VIII y contiene una de las imágenes de Buda en bronce más grandes del mundo. Digamos como referencia que esa mano que ve en la foto mide unos 2 metros y medio. Ahí es nada. Y, ojo, que en su día la estatua estaba cubierta de pan de oro. No quiero ni imaginarme lo que debía de ser aquello. De todas formas, por muy grandioso e imponente que sea este templo, me quedo con la armonía del santuario anterior. 

De vuelta a Kyoto el tren iba llenísimo. Hemos dejado los trastos en el hotel rápido para cenar en Nishiki Warai, uno de los locales del centro comercial The Cube de la estación de tren. Pero, como el folleto donde lo habíamos visto anunciado no especificaba por dónde había que subir hasta esa zona (porque la estación es tan grande que uno se pierde) nos hemos acercado hasta la ventanilla de información. Cuando le hemos dicho a la que estaba allí dónde teníamos pensado cenar, la pobre casi se ha echado las manos a la cabeza en plan "a ver cómo os lo explico yo ahora..." - y el resultado ha sido el maravilloso esquema en bolígrafo de la parte superior. Y, sí: al final hemos conseguido llegar, a pesar de los problemas de comunicación. Hemos tomado okonomiyaki y una especie de crep salado gigante.

Felices sueños y a descansar de este precioso día en Nara. 
Konbanwa!!                                    

Japon 2017 - 16 NOV (dia 3)

Cambiamos de día y cambiamos de zona a visitar. Hoy nos movemos hasta el norte para ver el área de Arashiyama, el lugar preferido en su día por la familia imperial para escapar del sofocante calor del verano. 

Además de pasear cerca del río y disfrutar de los colores otoñales del Momiji (hoja roja del arce japonés), se pueden ver templos y santuarios: en nuestro caso, hemos escogido una entrada combinada de templo y jardines Tenryunji (hay que verlos en este orden).

A la entrada del templo - cómo no - se encuentra la zona especial para dejar el calzado. Y una vez dentro, ya puedes pasear tranquilamente por la nave central y por una especie de camino techado que transcurre junto a unos jardines preciosos. Nos ha parecido una pasada pero cuando en la calle hace 7ºC y caminas sólo con calcetines, en fin, qué frío te entra.

Aunque también se pueden ver desde el templo, las vistas de los jardines Tenryunji son una pasada, especialmente en esta época, con esa mezcla de rojos, marrones, amarillos y verdes. Dan ganas de quedarse horas y horas contemplando esta maravilla. Aunque luego te das la vuelta, ves la cantidad de gente que tienes por todos lados y se te quita un poco la emoción. Es lo que tiene estar en el segundo lugar más turístico de Kyoto. 

Por cierto, aquí también hay muchos (muchiiiiiisimos) chinos - parece que esto ya no es algo anecdótico y se está convirtiendo en una estampa habitual de los viajes. Qué fácil es indentificarles por esa mala educación que tienen haciendo fotos o dando gritos para casi todo. Paciencia pues.

Aunque donde más molesta tener gente es en el bambusal que hay en la entrada norte del recinto. Puede que sea una de las estampas más conocidas del parque, perfecta en colores, sinónimo de armonía... pero hoy por hoy es complicadísimo hacer una foto sin tropecientas mil personas paseando a la vez. Según me ha parecido leer, el viento suele agitar los troncos creando un sonido único, pero ni nos hemos molestado en averiguarlo, porque nosotros solo oíamos algo así como "ni haooo... mei haooo kan... oyoooowaaaa.." (léase en tono de saludo de tienda de todo-a-cien de barrio). En fin.

El santuario de Nonomiya es justo lo que necesitábamos para comprender un par de cosas muy importantes: primero, que a pesar de todo, aún quedan sitios fuera del radar de la masificación y, segundo, que el turismo chino es básicamente "turismo de hacer foto famosa para añadir a la lista de méritos". 

Nonomiya es un pequeño y discreto santuario sintoísta  donde uno puede pasear sin problemas ni agobios. Y sin aglomeraciones orientales, por supuesto. En su día aquí venían las princesas niponas que buscaban purificarse. Hoy los sintoístas pueden rezar a sus deidades mientras los demás intentamos pasear por allí con el mayor de los respetos. 

Las mejores vistas de Kyoto sin duda están en lo alto del monte al otro lado del río Katsura. Hay que hacer una buena subida de unos 20/25 minutos para finalmente llegar al mirador y descubrir que todo está plagado de macacos japoneses. Hay una serie de normas básicas (no hay que tener demasiado contacto visual con ellos, hay que mantener la distancia de seguridad, no hay que agacharse en ningún momento. Pero luego te das cuenta de que están más que acostumbrados a los humanos y que lo importante es dejarles estar a su ritmo. 

Una curiosidad a descatar: se les puede alimentar desde dentro de una caseta especial con rejas. Es decir, uno se mete en la caseta, compra una bolsa de cacahuetes, y pone la mano firme y recta junto a las celdillas hasta que algún macaco se acerca, mete la mano y pilla el tesoro. 

A media hora de distancia (y un enlace de autobuses) se encuentra Kinkaku-ji, el pabellón de oro. Es otro de esos sitios saturados de gente haciendo fotos como si no hubiera un mañana pero, como hemos llegado al atardecer, la gente rotaba bastante rápido de la primera fila del mirador del lago y al final se ha hecho bastante llevadero. El pabellón en sí no se visita por dentro (parece que no se puede) pero sí que hemos hecho muchas fotos por fuera y por los jardines adyacentes. Es una de esas visitas que hay que hacer aún sabiendo lo turístico que es.

Terminamos el día cenando en Tsukiji Sushisei. Hemos tomado buen sushi aunque, todo hay que decirlo, ya habíamos probado mejores piezas en la península. Con esto cae el mito de que en este país está el mejor sushi, jaja! Eso sí, hemos cenado en la barra y hemos disfrutado como enanos mientras los lugareños intercambiaban palabras y el camarero preparaba nuestras piezas con esmero.

Se me olvidaba comentar que en el autobús desde el Pabellón de Oro hasta la estación hemos coincidido con un mochilero argentino muy aventurero que está recorriendo el país sacándole todo el partido al Japan Rail Pass. Ha sido una conversación muy divertida. Ahora que lo pienso, ni se ha presentado ni sabemos su nombre, pero seguro que durante el medio mes que le queda por estas tierras, se lo va a pasar estupendamente.

Buenas noches. Konbanwa!! ;)

Japon 2017 - 15 NOV (dia 2)

Como ya nos habían avisado, la mejor manera de moverse por Kyoto es con autobuses, así que esta mañana hemos comprado el "One-day pass" por 500 yenes. Esta tarjeta te permite barra libre de autobuses durante todo el día. La primera vez que la usas se imprime la fecha como validación y es posible que para agilizar la bajada de pasajeros, el conductor pueda requerir sólo que enseñes la tarjeta en vez de la máquina automática. Por cierto, aquí los autobuses funciona de manera peculiar: si no tienes este pase, hay que introducir el importe exacto en monedas (230 yenes) - si no tienes cambio, hay una máquina junto al conductor para ello. Ah, y lo mejor de todo: al autobús se entra por la puerta de atrás y se sale por la de delante. Toma ya.

Para estrenarlo a lo grande, nos hemos acercado hasta la zona de Kiyomizu-dera. Se encuentra al Este y es quizá uno de los sitios más visitados (y por tanto más concurridos) de la ciudad. Pero que esto no asuste a nadie: hay tantísimo espacio que se hace muy llevadero. Otra cosa es que la foto no te quede despejada, pero resulta que es MUY TIPICO visitar la ciudad y sus templos con el traje tradicional, así que OH SORPRESA  hemos tenido una suerte loca y en casi todas las fotos salía alguien vestido "de japo"!! Vamos, que entre foto y foto, nos hemos encontrado con unos momentos espectaculares. 

Ole y ole!!

Pero volvamos al templo Kiyomizu-dera. Éste se encuentra en lo alto de una colina y el autobús te deja en la parte baja a unos 10/15 minutos andando. No está mal. 

Una vez en el recinto, se puede dar un paseo por los jardines de la entrada para luego entrar en el templo en sí. Y, cómo no, antes hay que lavarse las manos en la fuente de la entrada: primero, se coge el cazo con la mano derecha para lavar la mano izquierda y después se coge con la izquierda para lavar la derecha. 

El templo tiene una zona sagrada donde es obligatorio entrar sin zapatos. En teoría los dejas sin problema y nadie se los lleva. Al menos, conscientemente, porque seguro que un despiste lo tiene cualquiera. A mí me daba mucho agobio dejarlos (después de lo que ocurrió en Suiza con los paraguas... en fin), pero puedo asegurar que hoy nadie se ha despistado con los nuestros. De todas formas, horas más tarde hemos visto a una turista con una bolsa en un pie y eso tenía toda la pinta de mala suerte tras pasar por un templo. Toquemos madera para no tener sustos de este estilo.

Se me olvidaba: este año han comenzado las obras de restauración del templo y por eso todo visitante hasta 2020 se va a encontrar un andamio gigante de color marrón cubriéndolo todo. La verdad es que las fotos panorámicas quedan bastante pobres pero bueno, seguro que la próxima vez que vengamos tendremos la posibilidad de disfrutar de unas vistas preciosas.

La bajada del templo puede ser un agujero negro en tus planes. De repente, se abren ante tí un infinito número de tiendas de regalos y sitios para probar comida del que no sabes salir. Todo te gusta, todo te emociona. Aviso a navegantes: si os gusta brujulear, cuidadín con esta calle que os perdéis para siempre!

La verdad es que el día acompañaba bastante para pasear (incluso ha habido un momento que teníamos un calor impresionante). Por eso nos hemos dejado llevar por las preciosas calles de Nene-no-Michi, Ishibei-koji y alrededores. También hemos visto un poco los jardines de Kodai-ji, donde había bastante ambiente de lugareños. 

Terminamos el paseo en la zona de Gion, donde hemos visto una Geisha (!!!) a la que hemos fotografiado sólo por detrás y muy rápido. Luego hemos cenado en Itoh, un restaurante un tanto escondido pero que ofrece una tranquilidad y un trato más que estupendos. Aunque uno de sus platos estrella es la ternera de Kobe, hemos decidido dejarlo para otra ocasión (y en su sitio) para probar una espectacular carne wagyu (también raza japonesa pero sin tantos mimos en la elaboración)

Ahora a dormir. Konbanwa!! 

Japon 2017 - 14 NOV (dia 1)



Ya lo decían los No me pises (...) en los 90: "Japón,... mira que está lejos Japón". Y, efectivamente, está muuuuy lejos, a más de 10.000 km de la península ibérica y con 8 horas de diferencia horaria pero, por lo que hemos experimentado hasta ahora, merece MUY MUCHO la pena el esfuerzo.

Y es que en realidad el viaje comenzó ayer lunes día 13. Pillamos un vuelo prontito hasta Londres y ahí estuvimos unas horas esperando hasta poder embarcar en nuestro B777 dirección Tokyo Narita. Casi 12 horas después estábamos aterrizando en Japón pero, obviamente, con el cambio de uso horario, en realidad ya habíamos pasado de día. Puede parecer una paliza, pero de verdad que no lo es tanto porque te pasas gran parte del vuelo durmiendo (algo que hay que hacer sí o sí para poder aguantar bien las horas siguientes del tirón y así no sufrir demasiado el jetlag).

Por cierto, durante el vuelo te entregan unas hojitas para poder pasar luego la aduana sin problema. A diferencia de EEUU, aquí no sólo hay que rellenar una por familia, sino que exigen otra extra por cada uno de los miembros de la misma. Una vez en tierra, te toman las huellas de los dos dedos índices en unas máquinas de color rosa (a las que sólo les faltaba el dibujito de Hello Kitty... sin exagerar!!) y luego te hacen el control individual de las cabinas de policía nacional. Lo bueno es que aquí hay mucho más personal y estos trámites se agilizan muchisimo. Tiempo total empleado... menos de 5 minutos!!!

Una vez fuera y tras esquivar a todos los impacientes familiares del hall de llegadas, hay que buscar la oficina del Japan Rail Pass. No lo había dicho pero es importante hacer los deberes y comprar el bono en tu país de origen desde tres meses antes de usarlo. En la T2 de Narita, esta oficina se encuentra justo debajo del hall de llegadas. Como no hay carteles por ningún lado, hay que echarle imaginación y alegría y preguntar a algún amable empleado. 

** Recordatorio: llegadas / dirección derecha / bajar escaleras / hacia la derecha / pasillo / cruzar puerta / JR Pass Office a la izquierda, con cartel rojo

En esta oficina es donde se canjea el bono comprado y te dan la cartulina oficial del Japan Rail Pass, que habrá que enseñarla cada vez que se quiera montar en tren. También te gestionan combinaciones de trenes y horarios para que tu llegada a destino sea la más eficiente posible. De verdad, son majisimos!

En nuestro caso, nos han sugerido el Narita Express hasta Tokyo Shinagawa y desde alli el shinkansen (tren rápido) hasta Kyoto. Como hemos querido dejar un poco de margen para no apurar tanto en el trasbordo, nos ha dado tiempo a comprar uno de esos bentos (bandejas de comida para llevar) y un pequeño postre extra. 

Por cierto, en este país el orden es casi una máxima. Lo que se ve en la foto es la zona perfectamente delimitada donde los pasajeros deben esperar al tren, según el vagón que les haya correspondido. Las vallas metálicas sólo se abren cuando el tren está casi a punto de parar y la gente entra de manera silenciosa y tranquila buscando su asiento. Ojalá fuera así en todos los países, verdad?

Cuando hemos llegado a Kyoto nos hemos quedado embobados. Estamos en la parte moderna y aún así se pueden encontrar callejones tan chulos como el que se ve en la foto. Hay mucha gente, pero en ningún momento tienes sensación de agobio. Al menos, eso ocurre un martes por la noche!

Y, por lo general, uno se queda embobado con cada paso que da, mientras los paneles iluminados anuncian mil y una cosas ininteligibles para el mundo occidental (excepto el que sepa el idioma, claro). Es imposible no mirar con detenimiento a los viandantes, aunque hay que recordar que aquí somos nosotros los exóticos y que se nos ve a la legua. Encontraremos españoles? Va a ser que sí. Ya nos hemos cruzado con un pequeño grupo en la calle.

Esta noche hemos cenado en uno de los pequeños locales que hay bajo la estación de tren, Konana. Hemos cenado un par de platos de noodles que estaban buenísimos (uno de salmón y otro de pollo). Aquí se toman con palillos y... hay que sorberlos de un tirón para que el propio fideo no te salpique en su recorrido hacia dentro. Para nosotros, hacer esto es casi impensable, pero aquí es una costumbre y casi una obligación para comer bien el plato. El truco está en empapar bien los fideos, porque si no es casi misión imposible. 

Ya en la habitación nos hemos echado unas buenas risas con la distribución de gadgets y, sobre todo, con las maravillas de la taza del WC. Pero eso lo dejaremos para otro día. Ahora a descansar y recargar pilas para mañana.

Konbanwa!! (buenas noches!)




Londres 2017 - 29 OCT (dia 2)

Qué maravilla tener que madrugar cuando ha habido cambio de hora de invierno. 

Esta mañana hemos visitado uno de los refugios subterráneos utilizados durante el Blitz (bombardeos casi continuados que sufría el país por parte de la Alemania Nazi en la II Guerra Mundial). Se encuentra junto a la estación de Clapham South y para poder verlo se necesita basicamente... muchisima suerte. No exagero nada si digo que llevo años intentando conseguir una entrada. Los pases están limitadísimos y sólo tienen lugar determinados días del año. Así que, como decía, hay que tener toneladas de suerte y que se alineen los planetas, por ejemplo.

Aunque empezaba a las 10 am, había que estar 15 minutos antes para el chequeo, asignación de pulseritas naranjas, y breve explicación  de las normas (qué se puede y qué no se puede hacer). También te repiten hasta la saciedad que hay 180 escalones de bajada que después serán de subida - y son todos seguidos, sin descansillos, en una escalera de caracol -. Obviamente después de todo lo que nos ha costado venir hasta aquí, esto no nos iba a echar para atrás (= "Mayra, hemos venido a jugar"). Así que, sin dolor ni miedo nos hemos adentrado hacia las profundidades del refugio. Por cierto, el punto de encuentro está en la puerta principal de la estación, pero la bajada se hace desde una pequeña puerta escondida a pocos metros tras una estructura redonda y blanca que se conoce como "The Drum".

Sí. Se pueden hacer fotos. Todas las que quieras. Pero hay que tener en cuenta que el grupo es de unas 15/20 personas y, como los túneles son estrechos, no siempre se puede conseguir la mejor perspectiva. Aún así, repito, merece muchísimo la pena!

Durante los 75 minutos que dura el tour, te explican perfectamente cómo los alemanes empezaron a bombardear la isla de mala manera y cómo sus habitantes buscaban refugio donde podían, generalmente en una estación de metro. Hasta que una bomba cayó en una calle y provocó la muerte de unas 70 personas que estaban escondidas en los túneles. La gente empezó a protestar y a exigir una protección decente que estuviese bajo tierra. El gobierno entonces habilitó 8 refugios con una capacidad máxima de 8000 personas. El que hemos visto hoy es el que mejor se conserva y el único que se puede visitar.

Durante los bombardeos aquí abajo no sólo se podía dormir, sino que había una cantina donde servían comida, servicios (12 duchas, ojo!!), zona de baile, servicio médico y hasta un superintendente que organizaba un poco esta pequeña ciudad subterránea. 

Tras finalizar la guerra los túneles se quedaron para oficinas ministeriales durante un corto periodo y después hizo las veces de motel barato para eventos concretos... hasta que un incendio ocurrido en 1956 obligó a cerrar definitivamente el recinto. Muchos años después es cuando se rehabilitó todo de nuevo y se decidió organizar estas visitas. Gracias desde aquí a la mente pensante del proyecto.

Dejo aquí un pequeño video de la época donde se presenta la apertura de estos refugios. Las imágenes hablan por sí solas:


...

En fin, que nos ha encantado todo lo que hemos visto, porque hemos aprendido de primera mano muchísimas cosas. Por momentos podías imaginarte cómo podría ser el estar allí durante horas, mientras una tenue luz iluminaba tu pequeño cubículo de literas y el ruido del metro rellenaba cualquier intento de silencio. Qué tiempos tan duros, por favor.

Termino ya estas líneas con un simpático mensaje que hemos visto en el tablón de avisos del metro:

"HELLO WEEKEND. Be the reason why someone smiles today"
Saludos, Fin de Semana. Que seas la razón por la que alguien sonría hoy. 

Me encanta :)

Londres 2017 - 28 OCT (dia 1)

No hay nada como salir de la península para darte cuenta de que fuera de ella existen las nubes, el frío, la humedad y unas temperaturas fresquitas, propias de esta época del año. Hola Londres, hola otoño! Cuánto tiempo, por favor. 

Para celebrarlo nos hemos dado un buen paseo por la zona del río, aunque esta vez hemos hecho buena parte del mismo por la zona norte (menos saturada de gente). Luego hemos cruzado por el Millennium Bridge para hacer mejor las fotos de la puesta de sol y, sobre todo, para acercarnos hasta la Tate Modern.

Hace unos días nos enteramos que en el hall de entrada habían montado un péndulo gigante en el techo y que, para poder experimentar mejor su oscilación, habían puesto una moqueta enorme donde poder tumbarse. Puede sonar a tontería supina, pero creo que todos los que estábamos allí hemos disfrutado mucho cuando la bola pasaba por nuestras cabezas y hemos hecho tropecientas fotos desde todas las perspectivas posibles. 

En la zona del fondo también han montado una estructura de tuberías de color naranja y en ella han colgado varios columpios para que dos, tres y hasta cuatro personas puedan disfrutarlo a la vez. Aquí había mucha cola (normal) y, como tampoco teníamos todo el tiempo del mundo, hemos pasado un poco del tema. Pero tenía una pinta estupenda. No sé, quizá en otra ocasión, jaja!

Terminamos el paseo en la zona de Monument, cerca ya de la Torre de Londres. Aquí se encuentran los restos de una antigua iglesia, St Dunstan in the East que, tras los bombardeos de la II Guerra Mundial, se quedó como testigo mudo de la barbarie en este pequeño parque público al que da nombre. La iglesia (que se había levantado sobre una iglesia sajona del S.X) ya había sido reconstruida tras el gran incendio de 1666. Y pasear por este pequeño espacio abierto en medio de tantos edificios es bastante raro, pero bueno, supongo que entre semana quizá haya muchos trabajadores estresados que vengan aquí café en mano buscando un momento de paz y desconexión laboral.

Nosotros sólo hemos estado un rato haciendo fotos mientras se iba haciendo de noche, pero parece que en esta época del año mucha gente viene disfrazada para colgar su foto especial en Instagram o compartirla en Facebook.

Tras un largo paseo de vuelta nos hemos dado un buen homenaje gastronómico en el Yauatcha del Soho. Ya habíamos estado aquí otras veces pero jamás nos habían aconsejado tan bien como hoy. El camarero (supersimpático) ha conseguido que probemos cosas tan espectaculares como los dumplings de venado de la foto (madre mia que bueniiiiisimos!). 

Ahora a dormir, que estoy que me caigooooo...zzzz...zzzz...

Maine 2017 - 27 SEP (dia 10)

Tras desayunar como campeones y hacer las maletas casi casi al milímetro, hemos salido hacia el centro de Lexington para ver otro de los enclaves históricos de la batalla que ya expliqué ayer. Se trata de lo que en su día fue una enorme extensión de terreno y donde tuvo lugar el mayor enfrentamiento entre lugareños y británicos. Hoy es un pequeño parque con césped, a modo de triángulo, donde se puede pasear y, quizás, imaginar lo que tuvo lugar hace casi 250 años. En una de los extremos, está esta impresionante estatua en recuerdo a esos patriotas que lucharon y dieron su vida en aquel momento.

En el centro de visitantes (que está en la parte derecha del parque) se encuentra una maqueta donde queda perfectamente escenificada la batalla. También hay recuerdos, comida local, una taquilla para reservar tours callejeros, los correspondientes WCs, y un maravilloso aire acondicionado, ideal para días terribles de calor como el de hoy. Porque, como era de esperar, aquí seguimos con esta humedad insana que hace que cualquier movimiento cueste el doble y canse el triple. No sé si esto se debe a la proximidad del Huracán María - acabo de ver ahora que está cerca de Carolina del Norte y que se dispone a cruzar el Atlántico -. 

A la izquierda según se mira la estatua del patriota, cruzando el paso de cebra, hay un pequeño cartel y un camino de tierra. Bueno, de tierra y pedruscos irregulares, bastante mal cuidado, todo hay que decirlo. Subiendo por una pequeña pendiente se llega hasta la zona donde está el campanario con la misma campana que dió el aviso en el pueblo aquel 19 de Abril de 1775. Según parece, este no es el enclave original (se ha movido varias veces para facilitar la expansión del pueblo). Pero dudo que lo vuelva a hacer más estando donde está ahora. 

Es tremendo lo que guardan en este país. Si nosotros hubiéramos hecho lo mismo, con la cantidad de historia que tenemos encima, no daríamos abasto. 

Por cierto, curiosidad del día: los pasos de cebra junto a la estatua del patriota son de lo más extraño. Parece que están en diagonal, pero sus líneas no siguen la orientación del cruce, sino que parece que están en paralelo con el ancho de la calle. Es la primera vez que vemos algo así, pero tiene su gracia, verdad?

No hemos tenido ningún problema en llegar al edificio de retorno de coches de alquiler (bueno, sólo el pequeño estrés de siempre para encajar bien los tiempos y llenar el depósito). Luego hemos cogido el shuttle azul hasta el edificio terminal y, tras pasar súper rápido el control de seguridad, nos hemos sentado tranquilamente a esperar al vuelo. Hay una zona muy cómoda con asientos acolchados que permiten cargar aparatos eléctricos. Si a esto le añadimos que el WIFI es totalmente gratuito, uno puede terminar de escribir estas líneas sin problema y actualizar su blog, por ejemplo. Así da gusto, verdad?

Esperemos no tener ninguna incidencia en el vuelo. A ver si podemos descansar bien para que el jetlag de vuelta no sea muy maligno. 

Guardaremos con ganas nuestro nuevo pasaporte de Parques Nacionales y seguiremos coleccionando sellos hasta que nos cansemos, jaja!

P.D. Termino estas líneas con una canción que nos ha acompañado en el coche estos días y que, casualmente, no había vuelto a escucharla desde 2003... justamente en este país. Qué cosas!


Hasta-la-vista, baby! 

Maine 2017 - 26 SEP (dia 9)

En serio???

Así hemos amanecido esta mañana, con niebla en todo el pueblo (y quizá alrededores), como si estuviéramos de repente en pleno Noviembre. Pero, muy a mi pesar, esto es sólo una ilusión (ayudada en parte por el aire acondicionado del hotel): cuando hemos salido al coche para colocar las maletas, hemos vuelto a sentir ese calor húmedo de ayer. Casi nos da algo. Me parece que aquí en verano no hay quien aguante.

Por suerte, hemos salido pronto del hotel. Adiós calor húmedo. O más bien, hasta dentro de un rato, porque a 100 kilómetros, en el la zona centro de Massachusetts tampoco se libran de ello. Grrr...

Pero bueno, dejemos por un momento el clima y vayamos a lo interesante. Hoy queríamos ver in situ la zona donde empezó la Guerra de Independencia Americana, es decir, Lexington y Concord. Para ello, hay que ir al Minute Man National Historial Park y pasar por el Visitor Center. Un video de unos 20 minutos explica perfectamente los sucesos ocurridos aquel 19 de Abril de 1775, cuando un ejército de soldados británicos llega a Boston y tiene como objetivo apropiarse del arsenal escondido por los rebeldes americanos en Concord.

La historia resumida, sin datos cansinos y contada de manera macarrilla es un poco así: esa noche tres rebeldes marchan a caballo desde Boston para avisar a sus compinches de Concord. Aunque no son horas, ellos van gritando por todo el camino para que la gente esté atenta, rifle en mano, al paso del ejército inglés. En un cruce, dos son retenidos por una patrulla inglesa, pero el tercero consigue escapar y avisar a tiempo a sus compañeros. Todo esto ocurre sin que los británicos sepan que ha habido un soplo - ellos marchan esa noche, entrando en las casas, buscando armas ilegales, aunque obviamente no hay suerte. 

Al poco de cruzar el North Bridge de Concord, los británicos se encuentran con una sorpresa: 70 lugareños armados haciendo piña y con cara de pocos amigos. Están cansados de tantos abusos e impuestos injustos. Pero la cosa se pone tensa, alguien dispara de mala manera y comienza un enfrentamiento imposible de parar. Hay bajas en los dos bandos pero, de repente, los ingleses retroceden por el puente. Es entonces cuando los lugareños se dan cuenta de que aquello era el comienzo de algo grande y que había que darlo todo para conseguir lo que ya empezaba a forjarse como la gran alternativa a los abusos: la batalla campal.

Ya sé que uno puede tener dudas sobre quiénes son los buenos y los malos en esta historia, pero una rápida búsqueda en internet nos dice que los británicos no lo estaban haciendo bien. Estaban obligando a sus colonias a pagar por la Guerra Franco-India, con impuestos injustos, sin posibilidad de comerciar libremente con otros países, sin derecho a reunirse, aguantando incluso que cualquier soldado pudiera entrar en sus casas "porque sí"... vamos, todo un despropósito que tenía los días contados. Los colonos se sentían tan británicos como sus amigos de las islas, así que no entendían esta diferenciación que les hacía sentir como ciudadanos de segunda clase.

En fin, como decía en un párrafo anterior, hay que parar en el centro de visitantes y ver el vídeo. Después, se puede hacer el camino entero hasta el famoso puente. Como es un trayecto largo de varios kilómetros, están habilitados unos cuantos parkings a los que te puedes desplazar y desde allí ver los paneles informativos y/o los edificios que fueron clave en ese momento. 

Por cierto, el puente que vemos hoy no es el original, que quedó destruido tras la guerra, sino una reconstrucción que se hizo justo 100 años después para conmemorar el centenario de aquel 19 de Abril. En el centro de visitantes que hay cerca del puente se puede ver la única tabla de madera que se conserva del original. 

En Lexington Road, la carretera que transcurre paralela al famoso recorrido histórico, se encuentra la casa familiar de Louise May Alcott, la autora de "Mujercitas". Es una pequeña joya conservada muy pero que muy bien, con un 80% del mobiliario original. La única pega es que al ser una visita guiada, depende mucho de quién te toque para que la experiencia resulte de una manera o de otra. También influye el hecho de haberse leído antes el famoso libro, o haber visto alguna de las películas - creo que no tiene sentido parar aquí sin saber un poco de qué va, porque hay continuas referencias a la obra.

En Concord también se encuentra el famoso cementerio de Sleepy Hollow, donde se pueden ver las lápidas familiares de Hawthorne, Emerson, Alcott y Thoreau. Conviene hacerse con un mapa en el centro de visitantes (o buscarlo por internet previamente) para no perder el tiempo e ir directamente hacia la zona donde están los autores. Yo ya había estado aquí hace años y, aunque tengo buena memoria, no recordaba cosas raras en la zona de las lápidas. Digo esto porque me ha impresionado especialmente la de Thoreau. La recordaba muy normalita y ahora me la he encontrado llena de lápices clavados. No sé qué sentido tiene esto, la verdad. A lo mejor hace referencia a alguno de sus escritos, pero no me parece serio dejar esos lápices de esa manera. Más bien parece otro de esos vandalismos suaves (por decirlo manera educada) que se ponen de moda de vez en cuando. 

** Recordatorio: el cementerio permite entrar con tu propio coche y estacionarlo a pocos metros de estas tumbas.

Terminamos este sofocante día de calor en Lexington, donde nos hemos dado un homenaje gastronómico fin de viaje en el Artistry on the Green. Hemos comido, sin duda, la mejor clam chowder del viaje, unas vieiras jugosísimas y un postre de escándalo.

Viva el fin de fiestas, jeje!

En fin, ahora me pongo a pensar en que en unas horas estaremos haciendo la maleta y no necesito salir a la calle para ponerme a sudar. Uff, qué pereza y qué pena!

Buenas noches!


Maine 2017 - 25 SEP (dia 8)

"Amanece otro espectacular día en Bar Harbor. Y, como viene siendo habitual, aparece a lo lejos el primer trasatlántico de la mañana."

Así podía comenzar el capítulo de un libro. Si. Una interesante novela sobre gente que, buscando un refugio de paz y sosiego, encuentra casualmente este pequeño pueblo de Maine y aquí se quedan atrapados entre tanto bienestar y amabilidad. Un libro con algo de acción, aventuras y buen comer, por supuesto, donde lo importante sea aprovechar cada minuto y sentirse realizado. Qué bonito todo, verdad? 

Seguro que ese libro lo termina escribiendo alguien. Pero nosotros tenemos que seguir con "nuestro libro" y eso significa que hay que hacer las maletas para comenzar el viaje de vuelta a casa. Hoy hemos tenido un viaje largo de coche, bastante cansado entre calor, locuras del GPS y atascos variados. Aunque hemos recargado pilas haciendo una parada estupenda para comer en Fort Williams Park, al sur de Porland, y así ver este precioso faro. Es uno de los más famosos de todo el estado y creo que viendo la foto cualquiera se puede dar cuenta de que su situación y su entorno son preciosos. Y si acompaña el día, tanto mejor. 

Quizá al estar dentro del coche no éramos conscientes de lo que estaba ocurriendo fuera. Me refiero a la temperatura. Estábamos tan felices con el aire acondicionado que, cuando hemos parado a repostar, casi nos da algo. 30ºC y calor húmedo. La sombra del verano de Washington DC es alargada. Incluso en Septiembre y a más de 800 km de distancia. 

Y si pensábamos que esto era algo puntual, estábamos muy equivocados. Caminar por las calles de Concord (New Hampshire), a las 6pm, ha sido un tanto agobiante. Es en estos momentos cuando te acuerdas del calor de la meseta, ese del que tanto renegamos, y empiezas a valorarlo en su justa medida. A ver si vamos a ser unos privilegiados después de todo.

Afortunadamente, hemos encontrado sitio para cenar con bastante facilidad. En The Barley House hemos calmado la sed y el calor con un par de mojitos - bueno, también con el aire acondicionado, que estaba funcionando a tope -. 

Ya hemos oído que aquí estas temperaturas son muy inusuales en Septiembre, pero parece que el cambio climático nos pasa factura a todos sin excepción. 

Me parece que esta noche se va a quedar el aire en la habitación puesto. Mejor dormir con un ligerísimo ruido de fondo que no pegar ojo y fastidiar el descanso.

Buenas noches!!