La sombra de la nube es alargada. Qué gris era mi viaje. Llueve sobre mojado. A estas horas se me empiezan a ocurrir infinidad de maneras para etiquetar otro día más de cielo gris y lluvia. Un poco de humor siempre es bueno en estos días.
Cuando hemos llegado a Camden (siguiente parada) parecía que teníamos una pequeña tregua, pero después de estar un rato haciendo fotos por el centro y la zona del puerto, ha vuelto esa lluvia fina e incómoda que va calando lentamente.
*Recordatorio: en muchas zonas del centro, se permite aparcar el coche por un máximo de 2 horas. No me digáis cómo controlan el tiempo, porque no hemos puesto papelito de ningún tipo y parece que se respeta bien este tema.
Podíamos haber aguantado un poco más, pero quizá era el momento adecuado para picar algo con un par de cervezas locales. El Sea Dog Brewing Co. es especialista en cervezas de estilo británico y tiene varios locales en Maine y Florida. Hemos elegido un par de ellas al azar (muy ricas, por cierto) y las hemos acompañado de un espectacular lobster roll. No sé cómo serán los próximos que tomemos, pero desde luego la frescura, suavidad y sabor que tenían éstos va a ser difícil de superar. Hmmm, buenísimo, buenísimo, buenííísimo!!
Otro par de horas después por fin hemos llegado hasta Bar Harbor, el pueblo en el que estaremos durante los próximos días. Y desde el primer momento nos hemos dado cuenta de que en Maine sí que hay gente, sólo que está concentrada en pequeños núcleos junto a la costa. Esto me recuerda algo que he leído esta mañana:
- Augusta (capital de Maine): unos 20.000 habitantes
- Portland (ciudad más poblada): unos 66.000 habitantes
- Bar Harbor: poco más de 5.000 habitantes
- Población total del estado de Maine: aprox 1.300.000 habitantes
Ojo, en Portugal (que ocupa la misma extensión) viven más de 10 millones de personas
Estadísticas aparte, tras hacer el check-in, hemos dado un pequeño paseo por el pueblo. Bueno, más bien por el centro, que está lleno de tiendas de todo tipo y sitios para comer. Casi todos los hoteles, hostales y B&B están algo alejados y, sinceramente, creo que es lo mejor, porque así se garantiza el descanso, especialmente cuando hace buen tiempo y hay mucho bullicio en la calle.
Hemos cenado algo rápido y luego nos hemos lanzado a probar una de las delicias locales: el whoopie pie. No se ve muy bien en la foto, pero consiste en un par de bizcochos redondos (y jugosos) con relleno. Según parece, la receta es de origen Amish y, aunque cada vez se pueden encontrar en más sitios de la zona Este, fue en Maine donde se comercializaron por primera vez. Aquí los hemos probado en Pink Pastry Shop, uno de chocolate y otro de calabaza picante, y estaban realmente buenos. Tanto que me parece que volveremos a pillar más estos dias, jajaja!
"Buenos días príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra".
Esta es la frase (adaptada, obviamente, de la película "Las normas de la casa de la sidra") que se me ha venido a la cabeza cuando he visto el pedazo de plato que nos han puesto hoy para desayunar en "The Greenery Cafe". Es un revuelto de jamón, queso, pimientos, y cebolla con patatas y pan con mermelada casera, todo ello acompañado de un zumo de naranja recién exprimido. Y puedo asegurar que estaba buenísimo. Pero el otro plato que hemos pedido también era espectacular: huevos benedictinos con langosta, hojas de espinaca fresca y patatas, acompañado de otro zumo. Y es que con dos platos así, da gusto comenzar el día. Además, la camarera nos ha tratado genial y nos ha dado la bienvenida a Maine, deseándonos un feliz viaje. Ohhhh!!!!
Con el estómago bien lleno, nos hemos acercado al final a Perkins Cove. Hemos dejado el coche en el parking y resulta que la máquina es un tanto complicada. Por suerte, la abuelita encargada de la garita (que debe de tener más de 80 años y sin exagerar) nos ha explicado a todos cómo funciona. Divertidísimo!!! A P. le ha dicho que aprende muy rápido (normal, siendo casi los más jóvenes en varios kilómetros a la redonda, jeje) Hemos estado dando una vuelta, viendo varias tiendas y paseando junto al puente peatonal. Una pena que el día estuviera tan gris, pero bueno, ya habrá días de mejor sol en breve.
A pocos kilómetros de Ogunquit, se encuentra Kennebunkport, un animado pueblo costero que, a juzgar por lo que hemos visto, en verano tiene que ser un hervidero de gente y atasco de coches. Muchas tiendas, gente, y casitas bonitas, aunque también tiene su remanso de paz junto a la costa. De hecho, la pequeña iglesia de Santa Ana está en un enclave único, rodeada de árboles y naturaleza. Se hizo en el S.XIX, y recuerda mucho a esas pequeñas iglesias medievales europeas. Justo al otro lado del recinto, hay un altar y unos bancos fijos de madera, donde se pueden celebrar bodas al aire libre, mientras las olas del mar rompen en las rocas a modo de música contínua e hipnótica. Precioso, de verdad.
Aunque, este tipo de ceremonias al aire libre no son exclusivas de esta iglesia. Al otro lado del pueblo está el monasterio de San Antonio. Construido posteriormente, ya en el S.XX, se nota ese toque "moderno", un tanto feote para mi gusto. Pero vamos a la curiosidad del día: en la zona boscosa frente a la iglesia, se encuentra un altar protegido por rocas (a modo de cueva natural) y un montón de bancos de piedra. Como se ve en la foto, aquí las bodas al aire libre quedan también preciosas. Sólo hace falta tener un día soleado y con buena temperatura, verdad?
De vuelta al centro nos ha dado el ataque de hambre y, animados por la cantidad de gente que estaba haciendo cola, hemos pedido nuestra comida en The Clam Shack, una pequeño puesto callejero junto al puente principal donde el marisco es el protagonista absoluto. Hemos pedido dos bocadillos de langosta (los famosos "lobster rolls"), clam chowder y un par de limonadas. Todo muy rico y fantástico para hacer un lunch como auténticos lugareños. Por cierto, para evitar el caos de gente, hay que hacer el pedido (y pagar) en la taquilla de la derecha, y luego esperar a que digan tu número para recoger el pedido en la taquilla de la izquierda.
Después de comer, teníamos planeado ver un par de faros en la zona de Cape Elizabeth, pero justo al llegar nos ha pillado un chaparrón salvaje y hemos tenido que cambiar los planes irremediablemente. No nos ha quedado más remedio que dirigirnos hasta Portland (siguiente parada), para dejar los trastos en el hotel y dar una vuelta por el centro. Justo aquí ya no llovía casi y se podía pasear tranquilamente. Por cierto, en la zona del Long Wharf nos hemos encontrado con una sección del famoso Muro de Berlín. Si alguien está interesado en el tema, que sepa que muchos países tienen restos de esta triste (y vergonzosa) construcción. La lista, AQUI.
Terminamos el día con una estupenda cena en el restaurante Solo Italiano de Portland. Hemos tomado ñoquis con salmón y tallarines a la boloñesa, pero lo que más nos ha entusiasmado es lo que se ve en la foto: una focaccia de jamón y burrata que nos ha dejado casi sin habla. Impresionante.
Por cierto, la camarera que nos ha atendido ha sido simpatiquísima e incluso nos ha aconsejado con las bebidas (queríamos probar algún cocktail y el sugerido de limoncello ha sido un acierto)
Ahora a ver si descansamos bien, que mañana nos espera un largo trayecto de coche, con bastante lluvia y cielo gris. En teoría ya el último día de agua de todas las vacaciones. A ver si es cierto!!
Aún recuerdo el día en el que le dije a varios compañeros que mi siguiente viaje era a Maine. Algunos me miraron con cara de perplejidad, como intentando ubicar la localización, y otros simplemente pensaron que estaba repitiendo (una vez más) el destino de vacaciones. Aunque ninguno va a leer estas líneas, quisiera aclarar a los demás que este país es tan extenso y tiene tantos paisajes diferentes, que permite hacer cientos de viajes sin más problemas que... la propia entrada al mismo.
Ya lo he comentado varias veces, pero el trámite de la aduana es farragoso y puede poner al límite la resistencia a la frustración del más tranquilo. El año pasado me retuvieron durante 90 largos minutos en el famoso "cuartito" de Nueva York y para este viaje, además de nervios, tenía mis serias dudas sobre si volverían a repetir la jugada. Según dicen, una vez salta tu nombre en el sistema, ya poco puedes hacer. Así que cuando hemos intentado pasar nuestro pasaporte por el registro automático de entrada y ha salido la famosa "X gigante" en el papelito blanco, todas las alarmas se han disparado.
Otra vez. No puede ser. El hombre que teníamos justo delante en la fila nos ha dicho que a él SIEMPRE le paran porque, entre otras cosas, su segundo nombre es "Mohammed". De repente me he sentido menos desdichada, pero no he podido dejar de pensar en qué le pasó a mi nombre el año pasado para levantar tantísimas sospechas.
El policía que nos ha atendido parecía majo. De hecho, al pasar mi pasaporte por el escáner, ha saltado algo en el sistema. Desde mi posición no podía mirar la pantalla, pero ha tecleado algo y segundos después, me ha tomado las huellas, me ha hecho una foto y... voilá!! ya estaba admitida!!
[Por favor, por favor... pinchad en el siguiente enlace para compartir este momento conmigo...]
Ohhhhhhh... que momento de alegría, por favorrrrrr!!!!
Una vez fuera, hemos subido en el shuttle bus de la linea azul para llegar al edificio donde se encuentran todas las compañías de alquiler de coche. Nos ha atendido una señora bastante apática a la que sólo le faltaba decir que la vida era una mierda, pero con el subidón que tenía encima, me ha dado prácticamente igual. Hasta que, al acercarnos al Toyota Prius que aparecía en el papel, hemos descubierto que nos había asignado el mismo coche que a otro cliente. Bien por la señora. Premio total a la falta de eficiencia. El pobre señor, que ya estaba con todas sus cosas dentro del coche y a punto de salir del garaje, se ha acercado con nosotros hasta la oficina de control de vehículos. Allí estaba otra trabajadora de la empresa, con más ánimo que la anterior, pero también parca en palabras: "ok, quién se queda el coche y quien se espera a tener otro?". Eso si que es una respuesta tranquilizadora. Asumir el error debe de estar muy sobrevalorado en estas tierras. Alguien se imagina esto en Europa???
Como no podía ser de otra manera, le hemos dejado al hombre con su Prius y nos hemos esperado 5 minutos más para tener otro. Pero aquí la colega parece ser que tenía mucha prisa y creo que nos ha dado el primero que ha pillado en la lista. Y claro, así ocurre lo que ocurre: el coche estaba sin limpiar (!!!!!!!) y olía fatal. ¿¿Se puede saber qué pasa en esta ciudad con esta empresa de alquiler??
Afortunadamente no todo es tan malo: en medio de nuestras quejas junto a esa amalgama de olores impracticable hemos visto a otro trabajador y mientras le comentábamos que así no se podía entregar el coche... nos ha visto con buenos ojos y como "no gringos" (era hispano, obviamente) y nos ha dado, así sobre la marcha, el que estaba justo al lado, un SUV estupendo, superlimpio y con un olor a nuevo impecable. Este gesto nos ha llegado a la patata irremediablemente. Sha la la la lee... yeah!
Salir del aeropuerto Logan de Boston es toda una odisea de carriles y tráfico cansino. Parece que hemos pillado la hora punta del lunes. Afortunadamente, el GPS que compramos el año pasado funciona MUY bien y nos ha sacado del atolladero sin pestañear. Bien!
Hemos cruzado New Hampshire estupendamente (viva la carretera recién asfaltada) y en nada ya estábamos en Maine, the pine tree state, "el estado del pino" - este sobrenombre se debe a que casi el 90% del estado son zonas verdes y boscosas, donde lo que más abunda es el pino. Y para los más curiosos, otro dato interesante: la extensión de Maine es casi como la de Portugal. Ahí es nada!!
Hoy hacemos noche en Ogunquit, uno de los sitios más turísticos del estado, aunque no hemos llegado en el mejor momento, porque el cielo estaba gris y una especie de niebla meona lo cubría todo.
Siguiendo las recomendaciones de la chica de recepción del hotel, hemos ideo a cenar a Jonathan's. Este pequeño - gran restaurante se encuentra lejos de la zona turística del pueblo. Es más, diría que es el lugar donde van los lugareños porque saben donde se puede comer tranquilamente y van a ser atendidos como en casa. Según hemos leído, el dueño decidió convertir la casa de sus padres en un restaurante y desde luego fue todo un acierto. Hemos comido clam chowder (sopa espesa de almejas), vieiras del Golfo de Maine y esa cerveza de calabaza que se ve en la foto. Si, si... de calabaza. Y estaba bueniiiiiisima, al igual que los platos que hemos elegido. Qué suerte hemos tenido. Por cierto, esta cerveza sólo está disponible en Septiembre y Octubre, así que hay que aprovechar como sea para disfrutar de ese sabor de mezcla imprecisa y toques de canela.
Cuando hemos salido del restaurante ya estaba la noche muy cerrada. No me extraña que los mejores cielos del país estén por aqui, porque casi no hay alumbrado público y la contaminación lumínica debe de ser ridícula.
Nos hemos acercado hasta la zona de Perkins Cove, por si acaso mañana no nos diera tiempo o estuviera todo muy feo por la lluvia. Y, a estas horas, sin gente, las fotos tenían su encanto. Por cierto, el parking sólo se paga de 8am a 8pm, así que nos ha salido gratis, jeje!
Ahora a dormir... que ha sido un día muy muy largo y el jetlag ya nos está esperando con los brazos abiertos.
Terminamos el finde con una visita pendiente desde hacía muchos años: la destileria Jameson de Bow St. Bueno, pendiente para P., porque yo ya estuve aquí hace 15 años y recordaba una visita guiada muy interesante donde aprendías cosillas sobre la historia de de la marca, el procesado de whisky irlandés y al final tenías una especie de barra libre donde poder tomar el preciado licor tranquilamente. Los niños tenían zumo asegurado, así que tampoco había problema para ellos. Pero está claro que alguien ha decidido modernizar la visita en todos los aspectos y, desde mi punto de vista, se ha cargado un poco el espíritu inicial que conocí en su día.
Y es que ahora se centra casi todo en la famosa cata de whisky del final (mejor sin niños, obviamente), con lo que da la sensación de que a nadie le importa ya saber cosas sobre el procesado de licor, por ejemplo. Los grupos son grandes, los guías hablan rápido y parece que quieren terminar cuanto antes... para su siguiente tour. De todas formas, nos lo hemos pasado bien (K. se ha acercado también para hacer la visita con nosotros), hemos aprendido a diferenciar diferentes procesados (americano, escocés, irlandés) y los tres hemos coincidido que el mejor es el irlandés.Pero por goleada. Lo siento Johnnie Walker y Jack Daniels, pero no tenéis nada que hacer!!
Al final de la visita te dan un whisky a elegir entre solo, con hielo, o combinado con ginger ale y lima. Hemos elegido esta última opción y, sin quererlo, hemos descubierto una combinación estupenda para pedir en futuras ocasiones. Muy rico, oiga!!
De vuelta al centro hemos parado a comer en un pub de Temple Bar (que, cómo no, estaba saturadísimo de gente): The Old Storehouse. Los tres hemos pedido bangers & mash o, lo que vienen siendo salchichas de cerdo con pure de patatas y salsa espesa de cerveza. Puede parecer un plato simple, pero estaba bueniiiiisimo. Para acompañar, como bien se ve en la foto, una pinta de Guinness, y de postre, un cheesecake de Baileys. Una despedida perfecta para un finde perfecto.
Me da mucha pena dejar la ciudad que un día me acogió con los brazos abiertos, con su "Céad míle fáilte!" (cien mil bienvenidas!) y me enseñó que había vida "más allá de la comarca", pero se que volveremos tarde o temprano y disfrutaremos tanto o más que el primer día.
Una vez más, gracias por todo!!
...
P.D: Hablando con K. he recordado otra canción que siempre me ha gustado y que está muuuuy ligada al espíritu del país. No podía dejarla pasar... early in the morning! - Venga, a cantar todo el mundo!!!!
"Way hay and up she rises Way hay and up she rises Way hay and up she rises Early in the morning!!!!"
Puede parecer una broma, pero prometo que es cierto: esta mañana hemos visto una exposición de Vermeer en la National Gallery de Dublin y tan sólo la semana pasada nos enteramos de que estaba por aquí. Toma ya. Cuando compramos los billetes de avión hace mogollón de meses no teníamos ni idea de cómo íbamos a organizar el fin de semana y ahora, casualmente, nos encontramos este regalazo. Ole y ole.
La exposición está muy bien organizada y, a diferencia de otras que hemos visto, aquí te dan un fantástico librito explicando todos y cada uno de los cuadros. Hay 60 cuadros en total, 10 de Vermeer, y esta vez hemos visto 3 por primera vez. El día que terminemos la famosa lista vamos a hacer una fiesta, jaja! (para el que no lo sepa, hay sólo 35 cuadros - uno desaparecido / robado - y otro que se pone en duda... que sí hemos visto)
Al salir de la exposición, hemos pasado por unas cuantas tiendas de regalos y souvenirs y, de repente, nos ha dado la impresión de que teníamos que volver al kilómetro cero de la bebida nacional irlandesa: la Guinness Storehouse. Así que, nos hemos pillado un taxi y nos hemos plantado en St James Gate como unos campeones.
Muchas cosas han cambiado desde la última vez, especialmente el tema de gestión de entradas (ahora puedes comprarlas en una máquina para agilizar la cola) y en la exposición por dentro. Vamos, que se nos han vuelto muy modernos y futuristas, pero sin perder su esencia. Además han habilitado unas zonas estupendas donde poder disfrutar tu pinta de Guinness incluida en la entrada. De hecho, recomiendo hacerlo en la "Guinness Academy", donde te explican muy bien cómo tirar la cerveza correctamente y luego puedes tomarla sin prisas en las maravillosas mesas de la sala. Lo que no recomiendo para nada es el saturadísimo Gravity Bar de la parte superior, porque la experiencia puede resultar bastante agobiante.
De vuelta en el hotel (había que dejar las compras), teníamos varias opciones, pero como las nubes se estaban disipando bastante, nos hemos animado a coger el DART y por 6 euros hemos pillado un i/v hasta Howth, el famoso pueblo pesquero del norte de la Bahía de Dublin.
Aquí el viento casi termina con nosotros. Nos hemos acercado hasta el faro, hemos hecho un montón de fotos al atardecer, pero ya no hemos podido continuar hasta los acantilados. Mejor en otro momento más tranquilo.
Desde que uno pisa el pueblo, ya empieza a oler a comida. Casi todos los locales junto al puerto y el paseo marítimo son restaurantes, así que hay que hacer un esfuerzo titánico para no parar en el primero a picar algo. Todos tienen buena pinta, pero nosotros nos hemos alejado de esta primera línea y hemos terminado cenando en The Abbey Tavern. Hemos tomado salmón con verduras y puré de patatas, y gambas rebozadas con ensalada y patatas fritas. Todo muy rico, aunque han tardado un buen rato en traerlo. Menos mal que no teníamos prisa, jaja!
La vuelta a Dublin ha sido un tanto extraña (un par de parones en medio de la nada, y aún seguimos sin saber qué habrá pasado), pero hoy creo que vamos a caer como troncos y no vamos a oir nada del jolgorio que tienen montado en las calles vecinas.
Night night!!
P.D: nos han puesto para desayunar algo que no habíamos probado nunca: "potato farl". Es un pan de patatas, muy típico de Irlanda. Muy rico! Dejo aqui la RECETA que empieza con unas interesantes líneas en inglés (lo copio por si el enlace desaparece en un futuro): "The word farl originates from the Gaelic word fardel meaning four parts. These potato griddle breads can be made with leftover mashed potatoes too. Serve hot with a little butter and salt, or fry them alongside soda bread as part of an Ulster Fry-up"
En mis años tontorrones de adolescente desorientada, la vida me puso delante un viaje de estudios a Irlanda. "Le vendrá muy bien", dijo la profesora de inglés en su momento. Yo no era consciente entonces de lo que eso iba a suponer, pero está claro que hay un antes y un después de ese vuelo.
Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero la ciudad sigue teniendo ese olor característico y ese indudable encanto imposible de describir.
Hablando de cambios, al loro con lo que nos hemos encontrado en este vuelo: entretenimiento via WIFI totalmente gratuito. Me parece una gran idea y, aunque la oferta se queda un tanto escasa, cumple bien su papel. Qué bueno es llevar siempre unos auriculares encima, jeje!
Excepto el pequeño retraso inicial (por culpa de unas maletas sin dueño), hemos hecho el vuelo sin problemas. A la salida de la T1 ya hemos visto la parada del AIRLINK 747 que nos iba a llevar al centro en 45 minutos por 12€ i/v. Imposible superar la oferta.
A las 7:30pm nos esperaba nuestra amiga K. para cenar en Café en Seine, un francés decorado con un gusto exquisito, al estilo de los locales parisinos de principios del S.XX pero con un toque bastante original. Entre otras cosas, hemos tomado este fantástico plato de merluza con ñoquis. Que ricoooo!!
Cuando hemos terminado la cena, en la parte inferior del local ya se veían las luces de discoteca - probablemente se acercaba la hora del relevo de clientes y en breve cientos de enérgicos dublineses iban a invadirlo todo. No es que seamos abueletes, pero tenemos el cuerpo bastante cansado tras una semana agotadora de trabajo y nos hemos ido tranquilamente a acompañar a K. al autobús.
A ver qué tal pasamos la noche. Parece que nos encontramos en plena zona de jaleo nocturno y más vale que las ventanas nos protejan bien del ruido ajeno.
Ahora sí que sí hay que cerrar bien las maletas y decir adiós a este fantástico viaje. Se nos ha pasado el tiempo rapidísimo y, como todo buen descanso vacacional, nos ha servido para estar muy desconectados de la rutina diaria. Objetivo más que cumplido.
Hemos dejado el coche en el aeropuerto (no sin antes descubrir que las gasolineras que están más cerca de éste son las más caras con diferencia de todo el país, ejem!) y luego hemos pillado el shuttle hasta el edificio terminal. Todo ha sido muy rápido. Quizá demasiado. Y por un momento he echado de menos esa tranquilidad que ofrece siempre la excursión por la montaña, a tu ritmo y disfrutando de cada paso.
Si. Va a ser duro volver esta semana al trabajo.
Cosas que vamos a echar de menos:
- Las vistas del Cervino desde la ventana de la habitación... snif, snif...
- El Peak Pass... (por favor, hay que tener uno de estos de nuevo ya!)
- Vertical Radio (!!!) - nuestra compañera indiscutible en los trayectos de coche. Que buena música! (el dichoso reaggetón aquí ni se conoce!! Larga vida al Rock!)
- Las simpáticas "Leopoldas" yendo de un lado para otro.
- Los bocadillos de Fuchs... ñam ñam!
- Llenar de agua frequita las botellas todas las mañanas en "la fuente de las marmotas"
Y, aunque me cueste decirlo,...
- Esa imagen a las 6 de la mañana de tropecientos chinos en el puente de Kirchstrasse, todos cámara en mano, intentando sacarle una foto al Cervino. Y daba igual si estaba cubierto, si llovía, si tenía una nube tapándolo todo. Tremendo.
Hasta la próxima, Alpes Suizos.
Volveremos!!
"Climb every mountain Ford every stream Follow every rainbow 'Till you find your dream"
Cerca de Montreux se encuentra la famosa fábrica de chocolate de Cailler. Hace 5 años no conseguimos verla porque llegamos por la tarde y las visitas ya estaban casi completas (creo recordar que se hacían por idiomas). Pero parece ser que desde hace un año o así han conseguido un poco más de orden y fluidez gracias al invento de la foto: la "chocoguía".
Lo sé. El nombre es de risa, pero es un sistema genial y mejor que una audioguía tradicional. El aparato en cuestión tiene un sensor y cuando se aproxima a uno de los pequeños cuadrados emisores colocados estratégicamente a lo largo del recorrido, se activa y empieza la narración en el idioma seleccionado inicialmente. Una vez más, tener auriculares facilita muchísimo ver bien todo y hacer fotos, jeje!
Por cierto, que la visita (regulada obligatoriamente en pequeños grupos) empieza con una breve historia del chocolate, del señor Cailler, sus diversas alianzas para sobrevivir y su implicación en el mercado nacional e internacional. Después llegan las explicaciones sobre la elaboración del chocolate y la degustación (te enseñan cómo saborearlo estupendamente con una porción). Finalmente, tras ver un poco la cadena de montaje, llega el momento que todo chocolatero está esperando: "la gran cata". Y es que sobre un gran mostrador, hay unas 6 ó 7 bandejas de pequeñas porciones listas para ser devoradas (y si a alguien no le gusta, no pasa nada, porque ya vendrá otro detrás a ocupar ese hueco vacío!).
Hemos tenido suerte yendo a primera hora, porque la parte interactiva se disfruta muchísimo más siendo pocos (en nuestro grupo éramos 5), pero cuando estábamos en la parte final ya nos han alcanzado varios grupos posteriores que, entiendo, se habrán saltado paneles interactivos (incluso los tranquilos pasos de cómo se hace una degustación) para ir directamente al final. Una pena, porque se ha formado un tapón de gente un tanto incómodo delante del mostrador y aquello ya no era lo mismo. Así que queda claro que, para esta visita, lo mejor es estar allí a la hora de apertura... y, si se puede, fuera de fin de semana.
Con tanta historia se nos ha pasado la mañana volando y, aprovechando que la fábrica se encuentra a pocos kilómetros de Gruyères, nos hemos acercado allí a comer.
Esta vez nos ha tocado dejar el coche en el parking 1, el más lejano (al módico precio de 5CHF) y subir por tanto la cuesta entera. No está nada mal, teniendo en cuenta que ya habíamos visto el pueblo en su día... y así llegábamos con más ganas para tomar la imprescindible fondue local. En Le Chalet de Gruyères nos han servido una riquísima y, a sugerencia de la camarera, sólo hemos tomado agua al comienzo, para evitar la clásica pesadez de este plato. Genial, oiga!
Como no podía ser de otra manera, el café nos lo hemos tomado en el bar del Museo HR Giger. No sé si es que hemos llegado a la hora perfecta, pero hemos conseguido sitio fácilmente en la barra. Además de pedir un "Alien Coffee" y un "Giger Coffee", nos hemos divertido muchísimo haciéndonos fotos y más fotos.
Nota: Hemos encontrado una mejora importante con respecto a la vez anterior. Ahora, hay más sitios disponibles en general en todo el local. Incluso junto a los sillones de la barra han puesto unos taburetes del mismo color (que no desentonan para nada!). Bien por el visionario de turno!
Ya en carretera nos hemos dirigido hacia la que será nuestra última parada del viaje: Lausanne. Que se pronuncia /LóZaN/ (ni "LAUsán" ni "LáuSSaNE"), aunque esa "o" acentuada se hace tan cerrada que a veces suena un poco como "u"). Filologadas aparte, la ciudad nos ha sorprendido gratamente. Aún conserva bien las pequeñas y empinadas calles de su casco histórico, incluso tiene esos tejaditos "anti-mal tiempo" tan monos sobre las escaleras que suben hasta la parte de arriba. Y, una vez alli, uno puede disfrutar de la visita a la catedral y de la subida a su torre (que con 224 escalones, se hace en varios tramos y no es nada pesada).
Pero si por algo es conocida Lausanne, es por ser la sede del Comité Olímpico Internacional (COI) y, por tanto, considerada como la "Capital Olímpica" por excelencia.
Aquí se encuentran también el Museo Olímpico (no hemos podido verlo por falta de tiempo) y el Parque Olímpico. Ha sido en este último donde hemos hecho varias fotos temáticas con sus esculturas y estatuas modernas (algunas "demasiado" modernas) hasta que han aparecido las primeras gotas de lluvia.
La verdad es que hemos agradecido mucho que descargaran las nubes. La humedad en esta zona hace que el cuerpo esté más agotado de lo normal. Definitivamente estábamos mejor en las montañas - pero muchísimo mejor!! -.
El postre de esta noche (a modo ya de despedida) ha sido un helado especial de Mövenpick. No podíamos irnos de otra manera. En unas horas toca hacer bien la maleta y necesitamos mucha energía para ello, jeje!
No había nada de prisa por salir del hotel esta mañana. Ni ganas. Pero no queda más remedio que continuar el viaje (y las vacaciones, oiga!, que aún nos quedan unos dias más, jeje)
Al hacer el check-out nos han ofrecido transporte gratuito a la estación de tren y, tras pensarlo bien, lo hemos aceptado. Así que, después de tantos días viendo "Leopoldas" de un lado para otro, por fin tenemos una a nuestra disposición. Y es toda una experiencia!!
** NOTA: llamamos "Leopolda" genéricamente a todo micro-autobús que vemos desde el viaje a Florencia donde, todos los días nos cruzábamos con uno que tenía el cartel "LEOPOLDA" puesto encima. Nos hizo tantísima gracia que decidimos incorporarlo a nuestra pequeña jerga diaria.
El tren nos ha dejado de vuelta en Täsch y, tras pagar el parking de estos días, hemos ido hasta el coche. Y ahí seguía tan majete, al lado del pedazo de Corvette del cantón de St Gallen, como si fuera su hermano pobre.
En cuanto hemos salido de valle, la temperatura ha empezado a subir estrepitosamente, llegando casi a los 30ºC. Que calorrrr!!! Es más, cuando hemos parado a comer en un área de descanso cerca de Sion, hacía tanto calor que casi nos da algo. Por cierto, al estar tan cerca de zonas de viñedo, el propio área tenía mesas y taburetes al más puro estilo Picapiedra y una parras a modo de toldo natural. Chulisimo!!!
Las nubes que empezábamos a ver al salir del área de descanso nos estaban esperando en Montreux. Eso sí: han tenido la amabilidad de dejarnos aparcar y entrar con las maletas en el hotel sin mojarnos. Incluso nos han dejado pasear un poco por la zona del lago. Pero justo cuando llegábamos hasta la Place du Marché ha empezado a diluviar como si no hubiera un mañana. Impresionante. Nos hemos metido sin dudarlo bajo el techo del mercado junto con otros incautos que, como nosotros, estaban disfrutando del calor húmedo del día. Y en cuanto ha empezado a perder fuerza el agua, hemos salido corriendo a hacer fotos junto a la estatua de Freddie Mercury. Qué gran momento!! Porque alli hemos estado casi 5 minutos gloriosos como si se tratara de un reportaje, disparando fotos bajo el paraguas mientras la estatua seguía siendo sólo para nosotros. Quién dijo que la lluvia era un incordio?? Poco después ha dejado de llover y, como si se tratara de una estampida de búfalos, ha salido gente de todos sitios y la estatua ha vuelto a estar tan concurrida como siempre. De hecho, aquí ya estuvimos hace 5 años y fue imposible hacer una foto decente. Gracias lluvia, gracias!!
Montreux ofrece también una pequeña sorpresa para los que disfrutamos con la música de Freddie Mercury y su grupo: dentro del casino Barrière, se encuentra The Queen Studio Experience. Según entras por la puerta giratoria principal, hay que ir hacia la izquierda y a pocos metros ya se ven los carteles de la exposición. El folleto explicativo cuesta 1CHF y dentro se pueden ver objetos de merchandising, recortes, papeles con letras de canciones, fotos, trajes de Freddie que usaba en los conciertos... y hasta puedes escuchar videos. He disfrutado especialmente con el video de "Bohemian Rhapsody". Ohhh...
Toda la exposición se encuentra en los antiguos estudios de grabación Mountain que los componentes de Queen compraron en su día y en el que grabaron sus últimos 7 discos. Y en una sala (donde se puede aprender cómo funciona una mesa de mezclas) han puesto una placa en el suelo justo en el último sitio donde estuvo Freddie grabando antes de pasar a mejor vida.
En fin, una visita MUY recomendable para los Queen-eros!
Cuando hemos terminado de ver todo estaba lloviendo fuerte de nuevo. El pueblo tampoco es que tenga una oferta tremenda en servicios al turista, así que como ya iba siendo hora de tomar algo, nos hemos ido al Barrel Oak, un pub irlandés enorme y con vistas al lago donde han caido un par de hamburguesas con patatas y una rica cerveza tostada.
De vuelta al hotel hemos comprobado por qué nos gusta más el ambiente de montaña. No es este el sitio para ponerme a explicar mis gustos, pero digamos que aquí no existe ese código no escrito de normas de respeto hacia el otro huésped. En fin... paciencia.
Creo que viene bien comentar que, además de los paneles electrónicos de la estaciones del pueblo (ver FOTO), es fundamental consultar todos los días la página oficial de Zermatt para planificar bien los trayectos.
Entre otras cosas, ahí se puede ver la previsión meteorológica, la intensidad del viento, la situación de los enlaces entre las diferentes zonas (telecabinas, tren cremallera, etc), y unas cuantas webcams para saber qué puedes esperar ahí arriba. Muy MUY útil. De hecho, hoy nos ha ayudado mucho a decidirnos, porque aquí ha amanecido todo gris y lluvioso.
Cuando he visto la webcam no me lo podía crer: que vamos a volver a Rothorn!!! Sí, sí... justo donde nos quedamos ayer atrapados por culpa de la tormenta.
Éramos muy pocos en el funicular, así que imagino que hoy el grupo de asiáticos se habrá quedado en el hotel tomando té o jugando al go. A saber. Y, como se puede ver en la foto, a mitad de camino hemos salido de nubes tal y como esperábamos. Yuju!!!
Animados por el buen tiempo, hemos parado un poco en Blauherd para hacer fotos desde el mirador. Quién diría que con nubes el entorno luce aún mejor (y eso que el Cervino casi no se ha podido ver en tooooodo el dia!)
Y justo a pocos metros de la salida, había un pequeño rebaño de ovejas de hocico negro de Valais (Valais Black Sheep). Estas simpáticas ovejas son originarias de esta zona y tanto machos como hembras tienen cuernos. No sé cómo serán otros rebaños pero justo éste debe de estar muy acostumbrado al contacto con turistas. Sirva como ejemplo la oveja de esta foto. En cuanto me ha visto, ha empezado a acercarse poco a poco, pero en cuanto he sacado la cámara para hacer la foto... se ha parado en seco (!!!) como si supiera de alguna manera que así sale mejor. Tremendo.
Hacía bastante frío en Rothorn - ojo, que ya estamos a 3.100m - pero eso no ha impedido que hagamos un pequeño paseo panorámico (la famosa "ruta de los picos") para disfrutar de las impresionantes vistas que teníamos alrededor.
Además de los carteles informativos (en inglés, frances, alemán y japones) con el nombre de cada pico, quién lo coronó por primera vez, una piedra del mismo que lo simboliza y una frase a modo de inspiración, también hay unas vistas buenísimas del Glaciar Findel (Findelgletscher).
La Blumenweg (o "trail de las flores") es una ruta muy bonita especialmente indicada en verano para los amantes de las flores. Es precisamente en esta época cuando todo se llena de colores y mariposas, y uno ya no sabe ni donde mirar para encontrar la flor que aparece en el panel explicativo de turno (sí, hay bastantes y son todos muy interesantes - y vienen muy bien para las fotos, jeje!). Lo que se ve en la foto es un Aster de los Alpes (bueno, y una polilla diurna, que se llama Six-spot burnet moth ó Ziygena de seis puntos). Y por si alguien tenía curiosidad, que sepa que no hemos encontrado ninguna Edelweiss. Lo hemos intentado buscando atentamente pero nada de nada.
NOTA: aunque los carteles indiquen un tiempo estimado para hacer la ruta, hay que tener en cuenta que los tiempos se alargan irremediablemente porque hay mucho que fotografiar y disfrutar.
Y aquí, como en cualquier otra ruta, siempre hay que estar atentos al mundo animal, porque en cualquier momento puede aparecer algo interesante. De hecho, hemos visto una marmota cruzando lo que en invierno tiene que ser una pista de ski. Estaba un poco lejos para hacer una foto decente, pero lo que sí hemos visto relativamente bien es un pequeño grupo de cabras de cuello negro (también originarias de esta región de Valais). No las había visto en mi vida - bueno, las recordaba de los créditos finales de Heidi, la serie de dibujos animados japonesa, pero poco más.
Si alguien quiere recordar el "moshimó - chiisana...", aquí dejo el video, jeje!!
Qué recuerdosss!!!
De vuelta ya en Zermatt hemos visitado el Matterhorn Museum, un sitio muy interesante para aprender cómo era la vida en el pueblo en los años de las primeras expediciones a la famosa montaña. Es genial poder visitar este pequeño pueblo del pasado, con sus casitas, aperos, el primer gran hotel (donde estuvieron importantes personalidades como Churchill o T. Roosevelt), la iglesia, el establo, en fin, todo muy bien montado. También hay una zona donde hay diversas proyecciones en bucle (la del rescate en helicóptero es impresionante) y en la parte superior del museo hay una exposición sobre la primera vez que se coronó el Matterhorn y el fatídico accidente que se produjo en la bajada, donde 4 excursionistas perdieron la vida. Por cierto, que esto se organizó en 2015 con motivo del 150 aniversario de esa primera expedición y, debido al éxito, aún sigue prorrogada dos años después.
De vuelta al hotel hemos colgado nuestra ropa de montaña por última vez en este viaje. Qué le vamos a hacer.
Y ya duchaditos y limpitos nos hemos ido a cenar al 1818, un restaurante modernillo donde hemos tomado un "menu sorpresa". Esto significa que no tienes ni idea de lo que vas a comer y beber, aunque eso sí antes te preguntas si no te gusta algo o tienes alguna alergia. En nuestro caso, hemos tenido lubina con espinacas y arroz negro, después ternera y rollitos de tiras de cerdo acompañado con polenta y verduras, y de postre variado con helado de fresa. Todo muy rico!!
Cuando hemos salido del restaurante había un jolgorio tremendo en la calle principal. Uno de los bares tenía altavoces que daban al exterior y la gente estaba bailando y pasándoselo muy bien, mientras unos puestos servían queso caliente, sangría y alguna cosilla mas. Supongo que esto tendrá relación con el cartel de "FIESTA ESPAÑOLA EL DIA 20" que vimos frente a la estación de tren nada más llegar a Zermatt. Si es que lo nuestro no entiende de fronteras, jaja!!