Amsterdam 2018 - 8 ABR (dia 3)

Si ayer nos quejábamos del calor, lo de hoy ya no tenía nombre. Sin viento y con la ropa de invierno encima, la humedad ha hecho los deberes y nos ha puesto a prueba sin miramientos. Lo peor de todo ha sido pensar que en la península las temperaturas están estupendas. El mundo al revés, vamos.

Afortunadamente, hemos estado bastante distraídos en el mercadillo de cuadros de la plaza Spui, para después pasar por Begijnhof, el famoso grupo de casas de beneficencia que en su día estuvo habitado por monjas. No había mucha gente por la calle, así que hemos estado muy tranquilos haciendo fotos a nuestras anchas. 

Aunque al llegar al Bloemenmarkt (mercado de las flores) nos hemos dado cuenta de que en realidad todo el mundo estaba allí viendo plantas y flores. Hemos hecho nuestras pequeñas compras rápidamente y hemos salido disparados a buscar un sitio para comer. La casualidad ha querido que volvamos a repetir (sin quererlo!) uno de los sitios que más nos gustó en el viaje anterior: Bagels and Beans. No, no es exactamente el mismo local: al parecer, les ha ido bien el negocio y se han expandido aún más, no sólo en Amsterdam, sino en ciudades vecinas y en otros paises, como en Alemania o Dinamarca. A nosotros nos parece estupendo: la comida es sana y muy buena. Por cierto, hemos tomado dos riquisimos bagels con unas "bebidas orgánicas" bien fresquitas. Ñam ñam!

Con la maleta de nuevo a cuestas nos hemos acercado hasta la estación central de tren. El camino de vuelta al aeropuerto es igual de sencillo: sólo hay que apretar el botón "QUIERO IR AL AEROPUERTO SCHIPHOL". ¿Por qué no será así siempre en todas las ciudades y aeropuertos? A veces el turista se enfrenta a un galimatías imposible de descifrar y la pérdida de tiempo es casi frustrante. 

No hemos tenido que esperar casi al tren. 3 minutos después de comprar el billete ya estábamos montados y camino al aeropuerto. Donde sí hemos estado muy entretenidos es en el acceso a la zona de embarque. No sé si será cosa del país o de la alerta terrorista de turno, pero nos han revisado absolutamente todo el equipaje de mano. Y cuando digo "todo" es todo. Incluso una de mis botas se ha salido de la bandeja y también me la han pasado otra vez por el escáner. Lo nunca visto.

Mientras buscábamos la puerta de embarque hemos pasado por una de esas zonas modernillas donde el pasajero se siente útil (e integrado) en el ecosistema eficiente del aeropuerto. Al loro con la foto. Se trata de unos puestos individuales con pedales donde uno puede recargar el móvil gracias a la energía que produce su propio pedaleo. No sé cuánto tiempo se necesitaría para recargar una batería de móvil, pero la eco-idea de "hágaselo usted mismo" me ha encantado. Me recuerda a mis años mozos, cuando iba en bicicleta por el pueblo y si quería poner la luz delantera sólo tenía que acercar la bobina a la rueda y pedalear tranquilamente. 

Hemos tenido un vuelo muy bueno. KLM trata de lujo a sus pasajeros (aún ofrece catering gratuíto a bordo, cosa que es MUY de agradecer). La escapada de fin de semana se nos ha pasado casi como un suspiro, pero volveremos segurísimo muy pronto para ver varias cosas que han quedado pendientes.

Termino ya estas líneas con uno de los momentos más curiosos de estos días: cómo meter un mueble en una de las típicas casas inclinadas, estrechas (y sin ascensor) de la ciudad. Es bastante aparatoso, pero la polea de la parte superior del edificio es vital para llevar a cabo una misión tan espectacular. Tremendo!

Buenas nochessss!
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Ah. Canción sorpresa del viaje: Agnes Obel "Fuel to fire". Me encanta...

Amsterdam 2018 - 7 ABR (dia 2)

En esta ciudad (y país) levantarse por la mañana y ver el cielo despejado es casi sinónimo de tener muchísima suerte. No es ninguna tontería: aquí llueve día sí y día también (aún recuerdo lo que nos cayó la otra vez y se me ponen los pelos de punta). Así que, invadidos por el espíritu del entusiasmo y el buenrrollismo, nos hemos puesto a pasear por las calles de Jordaan, el barrio con más encanto  de la ciudad.

Aquí no hay grandes edificios ni museos de renombre: lo interesante es perderse por sus calles y descubrir pequeños rincones mientras los lugareños hacen sus tareas diarias. Ya sé que en estas fechas - y después del invierno que hemos sufrido en toda Europa - tener árboles sin hojas hace que las fotos queden algo deslucidas, pero bueno, el cielo azul compensa absolutamente todo.

Como no podía ser de otra manera, en pleno paseo nos hemos topado con la Westerkerk, una cita indispensable si se viene por estos lares de Abril a Octubre ya que su impresionante torre de 85m permite disfrutar de las mejores vistas de la ciudad y alrededores (hoy hemos podido ver la torre de Haarlem, que está a 18km). La subida / visita a la torre dura 30 minutos y cuesta 8€. Todas son guiadas y hay posibilidad de que sean en holandés o en inglés. Nuestro guía ha sido bastante simpático. Nos ha contado un poco la historia de la iglesia, su contexto y, aunque nosotros repetíamos visita, nos ha parecido igual de interesante que la primera vez (aunque hoy las fotos han quedado muy muy bien!). Como nota curiosa, parece que lo que más le ha sorprendido al guía es que de un grupo de 6 personas (2 portugueses, 2 alemanes y 2 españoles), sólo nosotros sabíamos que Holanda es en realidad una provincia del país y que el nombre oficial es Países Bajos. Sorpresa, jaja!

El hambre ha atacado al poco de terminar la visita. El problema es que, teniendo la casa de Ana Frank tan cerca, hay muchos locales que se aprovechan y abusan con los precios. Hemos tenido que alejarnos un poco para finalmente encontrar Kagetsu Hartenstraat, un pequeño restaurante japonés donde hemos tomado un par de bentos (esas bandejitas con pequeñas porciones de comida). Estaba todo muy bueno, especialmente la sopa miso y el salmón. 

Recordatorio: hay que venir a este local fuera de la hora punta o será complicado pillar sitio. Buena relación calidad / precio en el bento diario.

Hemos seguido paseando con el mismo entusiasmo aunque quizá los pasos iban cada vez más lentos por culpa del calor. ¿Cómo íbamos a pensar que aquí iba a hacer más temperatura que en la península en estos momentos? Mientras nosotros teníamos ganas de dejar abrigo y jersey en cualquier esquina, los lugareños lucían una estupenda sonrisa a juego con sus camisetas de manga corta. Incluso algunos valientes se atrevían con las chanclas - tampoco era para tanto, pero este detalle nos deja bien clarito lo mucho que desean el buen tiempo por aquí -. Aprovechad bien, que el lunes vuelven las nubes grises!

Antes de pasar por el restaurante de la cena hemos hecho una merecidísima parada técnica en el hotel. La verdad es que, casi sin quererlo, nos hemos dado una caminata interesante.

Como no podía ser de otra manera, hemos llegado al restaurante Van Speyk con un hambre canina. Buen trato, buenos productos, pero me quedo sin duda con el lenguado espectacular que nos han puesto (VER FOTO). Maaaaadre mia. 

En fin, ahora toca descansar, después de este fantástico día de sol y calor por las calles abarrotadas de Amsterdam. 

Night night!!

Amsterdam 2018 - 6 ABR (dia 1)

Hace unos semanas me pasaron una foto en la que se podía ver a la Rana Gustavo (muy feliz) mirando por la ventanilla del avión mientras se daba cuenta de que estaba a kilómetros y kilómetros de todas las tonterías de la gente. Y, no es por nada, pero durante un buen rato hoy he sentido lo mismo. Es más: vuelvo a mirar las fotos que he hecho durante el trayecto y tengo la misma sensación. Se nota que llevamos demasiado tiempo con demasiada basura alrededor y esto hace que den ganas de largarse muy muy lejos. Nivel Estratosfera, por lo menos. Ains.

Pero bueno, volvamos a la Tierra de nuevo y centrémonos en este fin de semana en concreto. Hacía ya varios años que no pisábamos tierras holandesas y nos ha gustado volver a escuchar ese acento fuerte tan característico suyo (recordad que Van Gogh suena "FFanJJoJJ").

El trayecto desde Schiphol a centro de Amsterdam es de lo más sencillo: se compra un billete en cualquiera de las máquinas automáticas de color amarillo que hay a la salida (o en el hall gigante) y se aprieta en el botón "QUIERO IR A AMSTERDAM". Así de sencillo. Luego hay que fijarse en el panel, buscando el siguiente tren que vaya a la ciudad, y se baja a los andenes. El nuestro ha sido el 2 y en 15 minutos escasos ya estábamos en el centro. Por cierto, la validación del billete se hace a la salida de la estación, así que si alguno se ha despistado a conciencia, que sepa que le van a pillar sí o sí.

Tras dejar los trastos en el hotel, hemos salido a dar una vuelta. Había mucha gente, pero ha sido entrar en la zona del Barrio Rojo y aquello parecía que se animaba por momentos. Eso sí, todo de manera muy civilizada. 

Hemos picoteado algo y luego hemos vuelto al hotel con un cansancio tremendo. Esperemos que esta noche no nos molesten mucho los ruidos (nos han dado una habitación con vistas a la calle). 

Haleee... zzzzz....!!

Londres 2018 - 21 ENE (dia 3)

Pasear por el centro un domingo es algo muy agradable pero, si la temperatura empieza a bajar poco a poco, esa lluvia que te llevaba importunando desde hacía un rato de repente se convierte en nieve y... y que gozada, no? Pues eso, que nos lo hemos pasado como enanos de tiendas, paseando y haciendo fotos. Hacía bastante frío, pero para eso inventaron los guantes, capuchas y bufandas. 

Por cierto, nos hemos acercado también hasta cabina de los peces, pero le habían puesto una lona y estaba rodeada por una valla. Adiós a la foto sin gente... ains!!

El camino de vuelta al aeropuerto ha sido un poco desesperante. Menos mal que siempre vamos con margen. Nos han tenido casi 20 minutos esperando un tren que fuese hasta la T5. No sé si influye el hecho de que sea domingo, pero no me parece normal que exista tan poca frecuencia en la línea que va al aeropuerto. 

En fin. Ahora ya estamos en el aeropuerto, esperando tranquilamente a que salga la puerta de embarque. Parece ser que saldremos (de momento) con 15 minutos de retraso. La verdad es que, siendo el vuelo de vuelta, casi que nos da igual. Esperemos no tener ninguna cosa rara en el vuelo.

Gracias WIFI gratis de Heathrow!! ;)

Hasta la próxima!

Londres 2018 - 20 ENE (dia 2)

La lluvia ha hecho aparición mucho antes de lo esperado, pero en el fondo nos daba un poco igual, porque nuestros planes no iban a verse afectados. Al menos los de la mañana! De hecho, el primero de ellos estaba en la British Library ("Harry Potter, a history of magic"), una exposición que aprovecha la famosa saga del mago adolescente para hablar, no tanto de los libros, sino de todo aquello relacionado con el mundo creado por su autora J.K.Rowling. Así que durante varias salas se pueden ver libros y escritos sobre pociones, alquimia, herbología, astronomía, encantamientos, amuletos, adivinación y criaturas mágicas. Curiosísimo ver incluso un pergamino de 6 metros donde se detalla cómo elaborar la famosa piedra filosofal (ese legendario elixir de vida que convertía los metales en oro). También nos ha impresionado ver un libro grandote en el que se describen plantas con tal exactitud que hasta tiene muestras reales pegadas en las páginas del mismo. 

La exposición está MUY bien. Al final te das cuenta de que la autora no es una cualquiera con suerte y que detrás de ese éxito de ventas hay un trabajo de investigación bastante elaborado, digno de quitarse el sombrero.

Estos días se celebra en Londres el "Lumiere 2018", un festival al aire libre donde varias zonas de la ciudad se llenan de luz y color, dándole un toque divertido al oscuro invierno inglés. Es ya su segunda edición y, a juzgar por la gran masificación que se monta en metro, autobús y calles, me parece que no va a ser la última. 

Desde las 5:30pm hasta las 10:30pm se pueden disfrutar las creaciones de los artistas. No hemos visto todo (por falta de tiempo, obviamente) así que hemos tenido que hacer una pequeña selección buscando aquello que en principio nos pudiera llamar más la atención (qué bien viene tener una APP específica para el móvil donde te muestran lo que hay y dónde está!!)

La zona de King's Cross tiene una gran variedad de proyectos lumínicos interesantes. Saliendo de la estación de metro, una jaula de colores con un columpio atrae todas las miradas, pero lo interesante empieza a pocos metros a la derecha, cuando una avenida de flexos gigantes te hace sacar la cámara al instante. Por suerte, las nubes se habían calmado ya un poco y la gente estaba como loca buscando el selfie imposible.

Un poco más hacia delante, cruzando un puente, varios focos de luz azul / morada convertían una aburrida explanada en una improvisada ensoñación futurista, proyectando ondas de luz al aire sin casi descanso. Chulísimo!!

Pero lo que teníamos unas ganas locas de ver es la espectacular cabina iluminada de la zona de Covent Garden. Una cabina que, como bien se puede ver en la foto, es en realidad una pecera gigante. Toma ya!!

Para hacer ésta y otras fotos hay que esperar un buen rato, esquivando pacientemente todas las cámaras y móviles posibles de los viandantes. Un rollo, vamos. Aunque aún puede empeorar cuando la típica caradura utiliza a sus hijos para literalmente taponar la visión de los demás cuando a ella le parece bien y evitar así cualquier segundo de espera. Es decir, "tengo hijo, tengo excusa"... y estoy por encima de los demás mortales. Pues vale... maleducada!

Efectivamente, aquí se nos ha ido casi todo el tiempo. Porque la cabina es una maravilla fotografiable! Una pena no haber podido brujulear un poco más el arte callejero londinense, pero teníamos la cena en Marianne, un pequeño restaurante que nos había costado mucho reservar y que, estando en Notting Hill, nos obligaba a perder mucho tiempo en el trayecto. De todas formas, la comida de este restaurante compensa todo el esfuerzo. Platitos creados con mucho estilo y cariño que hacen las delicias de cualquiera con un mínimo de sensibilidad culinaria. Hmmmm!!! 

Ahora a descansar un poquito, mientras peces de colores iluminan nuestros sueños, jeje! ;)

Londres 2018 - 19 ENE (dia 1)

Hace ya años me dijo alguien que un amigo suyo tenía un curioso lema vital ante cualquier situación complicada. Justo ahora no recuerdo las palabras, pero venía a decir algo así como que "en la adversidad, me crezco". Hoy no he dejado de repetirlo mentalmente cuando veía que retraso tras retraso se nos iba echando el tiempo encima y lo mismo llegábamos tarde a la cena que teníamos reservada.

Para empezar, el vuelo ha salido casi con 30 minutos de retraso. Ha sido un embarque lentiiiiisimo y eso, en un avión grandote, se sufre mucho más. Estoy convencida de que si la gente se diera cuenta de las ventajas de espabilar en el embarque, otro gallo cantaría. Pero... en fin.

En el aeropuerto, otro nuevo retraso en la zona de control de aduanas. Uno de los pasaportes no ha pasado la prueba de la máquina automática y eso nos ha dejado parados otro buen rato. Pero es que además hoy pasaba algo raro en la red de metro y nos hemos comido otros 20 minutos de larga espera en el andén. Eso sin contar con las innumerables paradas que hemos tenido en medio de la nada... y la cantidad de gente que quería entrar en los vagones. 

Sí. Hoy es un día raro, raro... y no nos lo podíamos perder, verdad?

Pero hemos llegado al restaurante a tiempo. Y hasta nos han sobrado 4 minutazos!! 

La primera impresión del Chotto Matte no es precisamente de sorpresa, sino de deja vú: de hecho, parece sacado del mismo patrón que el Yauatcha. Es decir, local modernillo, decorado con muy buen gusto, y con música de fondo bien seleccionada (ojo, que había un DJ en la barra haciendo su sesión!). Eso sí, aquí la comida no es asiática, sino "nikkei" (fusión japonesa - peruana). Hemos probado unas gyozas espectaculares, unos nigiris muy originales (el que se parece negro en realidad es una berenjena!!) y un par de pisco sours llamados "Swizzle". BUENISIMO todo. Y muy recomendable el local.

Paseíto al hotel, con un frío considerable, y con varias canciones en la cabeza, como viene siendo habitual en Londres. Esperemos que mañana no se adelante la lluvia demasiado... ay ay!

Colonia 2017 - 17 DIC (dia 3)

Amanece otro día de cielo gris. Y un frío propio de estas fechas. Igualito que en la península, vamos. La verdad es que se echaba de menos algo así y no esas temperaturas de "quiero y no puedo" que tanta perplejidad provocan. 

Maleta en mano, nos hemos acercado hasta la estación para comprar los billetes de vuelta del aeropuerto. Esta vez hemos entrado directamente en la oficina de atención al cliente, no sea que otro personaje nos pudiera meter en otro embolado de incertidumbre local. Afortunadamente, no hemos tenido grandes problemas: volvemos a pillar el RE5 (regional express) a las 11:31.

La que nos ha atendido (una cuarentañera de pata negra) ha sido muy maja, aunque a juzgar por la cantidad de bisutería atrevida que tenía en manos y muñecas, seguro que sus fines de semana son una fiesta contínua de rock, hardcore y death metal (esa pulsera de calaveras plateadas no creo que desaparezca de mis retinas en mucho mucho tiempo!).  

Una vez en la estación de tren del aeropuerto, hemos pillado el Skytrain. No lo había dicho el otro día, pero lo curioso de este pequeño transfer es que no toca suelo ni vias, sino que está suspendido a 10 metros sobre el terreno. No se ve muy bien en la foto, pero en la parte izquierda del fondo creo que se intuye un poco la estructura sobre la que está "colgado". Impresiona pensar que en cualquier momento pueda desprenderse pero aquí las medidas de seguridad son muy altas y está todo muy bien pensado para que eso no ocurra. 

Y si aún no nos quedaba claro lo mucho que les gusta la Navidad a los alemanes, en plena terminal nos hemos topado con esta fantástica pista de hielo. Si, si... EN la terminal. Qué idea más original, por favor. 

Por un momento he pensado que podrían poner esto en el hall de salidas de Barajas, por ejemplo, pero a los pocos segundos me he dado cuenta de que aquí sucumbiría a las pocas horas por el caos que se organizaría. 

En fin. Cada uno con sus cosas y sus costumbres, sin llevar al límite nada. Y, mientras tanto, Felices Fiestas y Feliz Navidad.

Buenas noches!

Colonia 2017 - 16 DIC (dia 2)

Que el termómetro marcara 2ºC esta mañana al salir del hotel no nos ha asustado en absoluto. Si acaso, nos ha animado a subir con más ganas al mejor mirador de la ciudad: las torres de la catedral. Dicho así parece poca cosa ("bueeeno..., otra más"), pero si digo que hay 533 escalones hasta arriba supongo que la cosa cambia y da un poquito de respeto. O de susto, depende de como se mire.

El caso es que ahí estábamos, a primera hora, como unos campeones. La entrada cuesta 4 euros y te da derecho a hacer ejercicio cardiovascular del bueno y a esquivar educadamente a todos los que te encuentras en sentido contrario en esa escalera de caracol casi interminable. También te permite hacer buenas fotos si las nubes lo permiten, pero como eso ya no depende de uno, siempre queda el recurso de cruzar los dedos y esperar un poco a que se abra un pequeño claro. O a valorar lo bonitas que son las nubes también desde aquí, por ejemplo.

Después hemos dejado las alturas para pasar a las profundidades de la catedral gracias a la visita del Tesoro de la Catedral. Aquí no hemos podido hacer ni una sola foto - una pena - pero lo hemos disfrutado igualmente. Qué colección tan impresionante y tan bien expuesta!! Un 10 para la mente pensante.

Como era de esperar, tras la visita y el empacho de escalones, se nos ha ido abriendo el estómago de mala manera. Tanto es así, que en cuanto hemos salido otra vez a la calle nos hemos acercado al concurrido Gaffel am Dom y nos hemos puesto las botas con un par de schnitzels, patatas fritas y ensalada. Y, de manera excepcional, no voy a poner foto de la comida sino de la bebida, porque es la primera vez que en este país nos sirven cerveza de barril en mini vasitos de 0,2 dl. Nos hemos quedado un tanto sorprendidos (dónde están esas jarras de litro??). Lo curioso es que, según vas terminando de beberlas, el camarero aparece rápidamente y (a no ser que indiques lo contrario) te pone en seguida otro vaso. Luego hace una marca en uno de los posavasos y al final, antes de traer la cuenta, anota cuántas se han tomado en la mesa. Qué manera tan curiosa de tener siempre cerveza recién tirada en la mesa.

Después de comer hemos vuelto a la catedral porque aún nos quedaba el interior por visitar. Casualmente y sin saberlo, hemos entrado 2 minutos antes de que cerraran la girola, así que hemos podido ver durante un ratito el famoso relicario de los Reyes Magos que se encuentra tras el altar mayor. Una pasada. 

Por cierto, hoy hemos sabido que la catedral tardó más de 600 años en construirse. No es que las obras fuesen lentas; es que a mitad de construcción se quedaron sin financiación. No sería hasta mucho después, en pleno S.XIX, cuando el impulso del romanticismo alemán fijó sus ojos en esta maravilla y consiguió terminar el proyecto en cuatro décadas. Otro 10 también para los amantes del arte de la época!

En uno de los laterales de la catedral ponen por estas fechas uno de los mercadillos navideños de la ciudad. Es sin duda el más grande y el que más afluencia de gente recibe (lógico, teniendo la estación de tren casi al lado). Más de 100 casetas reciben al visitante con comida, productos de artesanía, ropa y detallitos navideños. También hay un pequeño escenario donde tocan música en directo - supongo que así es más entretenido brujulear de puesto en puesto. A veces se hace complicado dar dos pasos entre la multitud, pero es cuestión de paciencia seguir bien los flujos de gente y aprovechar los huecos para hacer fotos sin problema.

Menos gente y casetas más bonitas tiene el mercadillo Nikolausdorf de Rudolfplatz. Quizá influya el hecho de que se encuentra a 20 minutos andando de la vorágine de la catedral y muchos turistas terminan dejándolo por pura pereza. Un error, porque merece la pena ver este pequeño pueblo navideño en el que suele estar el propio St Nikolaus rondando por sus callecitas. 

Nos ha dado tiempo a ver todas las casetas antes de que empezase a llover de mala manera. Con un panorama tan feote, hemos vuelto hacia el centro. O al menos esa era la idea hasta que hemos topado con el Markt der Engel (mercado de los ángeles).

Para entonces la lluvia empezaba a ser intermitente y nos hemos pasado un buen rato viendo cosas y esquivando gotas entre casetas. No está nada mal. 

También hemos cenado un par de salchichas riquísimas en un puesto de comida bastante peculiar (al loro con los botes de mayonesa, ketchup y mostaza que cuelgan del techo... jeje!!) 

Ha sido un día muy completo y hemos conseguido cumplir con el objetivo principal del viaje, así que estamos más que satisfechos. Nos lo hemos ganado: ahora un 10 para nosotros!!

Buenas nochesss!

Colonia 2017 - 15 DIC (dia 1)

"Las personas viajan a destinos distantes para observar, fascinadas, 
el tipo de gente que ignoran cuando están en casa"
(Dagobert D. Runes)

Cuando hace tan sólo unas horas estaba haciendo esta foto, me he quedado un par de minutos pensando en lo bonitas que se ven siempre las nubes desde arriba. Ya no es que parezcan bolas de algodón de mil formas, es que dan ganas de tocarlas. Al menos, mientras la ilusión óptica lo permita. Pero bueno, como decía las nubes me parecen preciosas y además siempre que las veo así significa que estoy (estamos!) de viaje. Aunque hoy toca moverse a un sitio mucho más cercano que la última vez, esa inquetud por descubrir algo nuevo e interesante siempre está ahí.

Por eso, cuando hemos aterrizado en Düsseldorf (diuuuuuseldorf!), nos hemos ido rápidamente hasta la terminal de trenes del aeropuerto siguiendo las buenas indicaciones de los carteles.

Recorrido: Terminal C -> Terminal A/B  -> Parking -> Estación de Tren

De una terminal a otra se puede ir andando. Pero desde la Terminal A/B hay que coger el famoso "skytrain" (a 10 metros del suelo, con ventanales panorámicos y rapidísimo). Precio... poco más de un euro.

Una vez en la estación de tren, nos hemos puesto a trastear en la máquina de los billetes. Un jaleo, de verdad. Y justo cuando estábamos intentando alinear botones y tipo de billete, se nos ha acercado un tipo bastante simpático. "A donde vais? - A Colonia. - Ah, qué casualidad. Yo también voy para allá! Justo sale ahora en 2 minutos el tren. Venga, si queréis podemos compartir un billete de zona, de estos que valen para 5 personas". Nos hemos quedado un tanto sorprendidos, pero el hombre parecía buena gente y nos hemos montado sin dudarlo. Increíble el buen rollo de este país. 

Nosotros usamos este tipo de billetes hace unos años, cuando quisimos visitar el castillo de Neuschwanstein. Vale para un máximo de 5 personas y puedes utilizar todos los medios de transporte de la zona correspondiente en el día que se valida. Es uno de estos inventos que facilita viajar, especialmente si vas en grupo. 

Así que casi ni hemos mirado el andén, ni el tren ni nada. Bueno, sí que hemos comprobado que, efectivamente, la dirección era la correcta y que todo estaba en orden. Le hemos pagado la parte correspondiente del billete (que venía a ser casi lo mismo que si lo hubiéramos comprado en la máquina). El hombre nos ha asegurado que, por trabajo, hace este trayecto un montón y que en seis paradas (y 40 minutos) llegaríamos a la estación central de Colonia. 

Y así ha sido. Además el hombre (superamable!!) nos ha guiado hasta el ascensor que bajaba a la planta principal de la estación. La verdad es que no sabíamos bien cómo agradecerle toda esta atención que había tenido con nosotros. Pero bueno, al llegar al rellano principal ya nos hemos parado para despedirnos y seguir cada uno por nuestro lado. 

Aunque el que ha seguido caminando ha sido él. Bueno, más bien ha salido disparado, casi corriendo. Ha sido un final un poco feote, pero hay que entender que no todos vamos de turismo y el trabajo es el trabajo. Y más cuando te dedicas a sacar rentabilidad a tu billete compartido durante todo el día, buscando gente despistada que esté dispuesta a pagarte el billete una y otra vez. Porque, efectivamente, aquí el colega de la maleta negra vieja y roída, se ha parado junto a unas chicas que estaban sacando billetes en la estación de Colonia y se ha ido con ellas... para empezar otro viaje de billete compartido. Con un par, si señor.

Así que ya ha dado igual el check-in del hotel, el paseo por el centro, o las salchichas de la cena en el Meister Bock de la estación. Nos hemos quedado pilladísimos con la estrategia de este personaje. Porque... si un billete de éstos cuesta 45 euros y al día hace unos 10 trayectos mínimo con 2 personas, no hay que ser un lumbreras en matemáticas para ver este supernegocio no declarable que, además, no es delito. Parece ser que compartir un billete de éstos entre personas que no se conocen es algo relativamente habitual.

Pero bueno, una cosa sí que es cierta: si no hubiera sido por este encuentro casual, habríamos perdido un montón de tiempo sacando el billete y quizá nos habríamos plantado en Colonia tardísimo. No hemos perdido dinero (eso, en tal caso, lo ha hecho la compañía de trenes) y no hemos tenido ningún problema. Vamos, que bien visto, es como si hubiéramos contratado un servicio de guía local a nuestra disposición.

Sí. Mejor verlo así, jaja! 

En fin, vaya comienzo de fin de semana. Buenas noches!

Japon 2017 - 22 NOV (dia 9)

A las 7:15AM ha salido el Narita Express de la estación central de Tokyo. Puntual como el mejor reloj suizo. O como todos los trenes de este país, da igual el tipo que sea. Nunca habíamos visto nada parecido.

Como la estación es un laberinto de plantas, pasillos y escaleras mecánicas, ayer hicimos bien los deberes preguntando y comprando los billetes (que ya se acabó el chollo del JR Pass, snif!). Fuimos directamente a la oficina de compra de billetes de la JR - no nos atrevimos con las máquinas expendedoras de billetes (kenbaiki) por si acaso metíamos la pata.

Importante: el Narita Express utiliza las mismas vias de la linea Sobu, así que lo mejor es seguir las indicaciones de esta línea y en breve aparecerán con otra del avión indicando que es la línea del aeropuerto. No es complicado, pero conviene mirar bien todos los carteles y llegar con margen amplio de tiempo porque, repito, aquí son puntuales a más no poder y a la mínima te puedes llevar una desagradable sorpresa.

Casi una hora después, hemos llegado al aeropuerto. Aquí ya no hay peligro de equivocaciones: todos los carteles tienen sus indicaciones en inglés y japonés, y todos los que trabajan allí, si no dominan 100% el idioma foráneo, al menos lo chapurrean decentemente para hacerse entender. 

Hemos comido algo, para después hacer unas comprillas de última hora. Por cierto, aquí las tarjetas de crédito / débito no han fallado ni una sola vez. 

El vuelo ha despegado bastante puntual. Eso sí, en una distancia de 10.600 km (que ya se dice pronto!!), han sido 14 horas y media del tirón. Visto así de repente puede parecer una locura, pero además de aprovechar para dormir, hay tiempo para comer, charlar, ver películas y series, jugar... vamos, que no hay que agobiarse. 

Otra cosa es el cansancio que tienes al salir por el finger, especialmente si no has dormido lo suficiente y te has puesto a ver películas como si no hubiera un mañana. Pero quizá sea así mejor, para luego pillar la cama pronto y no sufrir al día siguiente las maldiciones del jetlag! 

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P.D:  "MADE IN JAPAN collection"

Este ha sido uno de los viajes más alucinantes que hemos hecho. No sólo teníamos unas ganas locas de visitar el país, sino que ha sido un choque cultural brutal en muchos aspectos. Voy a empezar a enumerar unas cuantas cosas que creo que no dejan indiferente a nadie!

1. La taza del WC es lo más. 

Da igual que sea hotel, centro comercial o servicio público: casi todos los retretes modernos son MUY modernos. Japón ha dejado de lado sus letrinas de toda la vida para incorporar mandos electrónicos con asiento calefactado y chorritos de agua para las partes íntimas. Parece una locura, pero después de varios días usándolos, se crea un efecto enganche y ya no puedes estar sin ellos. Snifff...

2.  WCs con sillitas para niños

Algunos servicios de chicas tienen una pegatina en la puerta en la que se ve una mujer y un niño pequeño sentado. Eso indica que dentro hay este interesante asiento de plástico en el que poner a tu peque mientras haces tus cositas sin interrupciones. Así como lo anterior me parece de dificil implantación en nuestro país, esto sí que podría funcionar sin problemas. Cuántas veces tenemos que ver (y escuchar) situaciones incómodas dentro de los servicios... y resulta que la solución está en este pequeño asiento de rincón. Un 10 para la mente pensante!!
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3. Máquinas de vending en cualquier sitio

En cuanto pisas suelo japonés te das cuenta de que las luces que hay a tu derecha (por ejemplo) no pertenecen a un cartel luminoso. No. Es una máquina de vending, llena de colores, que te invita a tomar algo. No es broma. En cada esquina casi hay una máquina y generalmente de bebidas. Supongo que esto comenzaría un verano de mucho calor y ahora están por todos lados, a veces sin venir a cuento. Por ejemplo, qué sentido tiene instalar una junto a este altarcito?

4. Si el producto es bueno, se vende solo. Literal.

En lo alto de un monte, junto a varios santuarios y pequeños altares sintoístas, aparece esto tan extraño. Se trata de una cazuela con varios huevos hervidos. Ningún tendero alrededor. Por 80 yenes (0'62 Euros), te puedes llevar uno. Sólo tienes que dejar el dinero en el platito y ya tienes proteína asegurada en tu comida! Esto en otro países sería impensable, pero aquí es muy normal. De hecho, recuerdo un documental en la TV en el que un señor recogía hortalizas de su huerto, las colocaba en un puestecito de madera con su precio, y la gente lo compraba dejando el dinero sin problema. Que cosas.

5. El tamaño del Parking no importa

Tienes un trozo de acera vacío delante de tu casa y no sabes qué hacer con él? Monta un parking! Aunque sólo quepan 4 coches (o 1, que también los hemos visto). Pones un sistema de cables sofisticado, un cartel luminoso bien resultón, y por último un cepo grandote en el suelo que se levanta para que no ocurran cosas raras con los coches. No está mal, eh?
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6. Aquí no hay (casi) paro

Con una ridícula tasa del 2,8%, Japón es de los países donde más posibilidades hay de tener trabajo. Otra cosa es que sea un tanto extraño, como el tipo de la foto que regula el tráfico con traje de luces. También hemos encontrado gente en las estaciones cuyo trabajo es decirte por qué pasillo tienes que seguir para no perderte. Es como si prefiriesen el factor humano antes que un cartel o una máquina. No sé si esto funcionaría fuera del país.

7. Taxis... elegantes?

Sorprende ver en plena calle un coche negro, con conductor de gorra negra, como sacado de los años 20, cuyo interior está recubierto de una especie de ganchillo blanco. Los coches te esperan con la puerta abierta que se cerrará AUTOMÁTICAMENTE en cuanto subas. Por un momento parece que es el coche de Norma Desmond en "El Crepúsculo de los Dioses".

8. Vagones SÓLO para mujeres

Usados entre semana a la hora punta, estos vagones intentan dar respuesta a todas esas afectadas por tocamientos y fotos indebidas que se hacen cuando el vagón está a reventar. Aquí los acosadores se conocen como chikan y las víctimas suelen ser jovencitas y menores de edad. 
...


9. Linternas cargadas en cada habitación

Como ya sabemos, la actividad sísmica en Japón es altísima y sus habitantes tienen que "esperar lo inesperado" en cualquier momento. En todas las casas, tiendas y habitaciones de hotel, existen linternas cargadas que en cuanto las coges se iluminan. Es fácil encontrarlas en caso de apagón total. Y es que, tal y como está el panorama, la seguridad es lo primero. Además en las escuelas enseñan cómo protegerse en caso de terremoto y en los hoteles dejan muy bien indicado qué hacer cuando llegue el caso. 

10. Todo es muy "cuqui"

Si hay que adornar algo, será con colores llamativos, con florecitas, con lacitos. Todo muy tierno y achuchable. Exactamente igual que sus dibujos animados. En qué otro pais del mundo podríamos encontrar unas sosas y frías escaleras mecánicas estampadas con florecitas? Por eso no extraña nada que Hello Kitty aparezca en casi todos lados, inspirando ternura y una medio sonrisa de "qué bonito todo".

11. Japon es el paraíso del KIT KAT

Aquí se conoce como "kit-to kat-to" y se debe de consumir a toneladas, junto con los otros tropecientos dulces locales. Resulta que hay más de 200 sabores disponibles en este país y los turistas se vuelven locos por probar la mayor cantidad de ellos. Hace poco han sacado incluso una edición especial con los alimentos representativos de cada zona y así se pueden encontrar, por ejemplo, kitkat de fresas tochiotome de la Prefectura de Tochigi, el de pasas al ron de Tokyo, el de patata dulce morada de Okinawa o el de melón Yubari de Hokkaido. Tela, eh??
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12. Aquí me siento, aquí me duermo.

Es fácil encontrarse en el tren o el metro a un lugareño dormido aunque bien podría ser en cualquier parte, incluso en el trabajo. A nosotros nos sorprende un montón, pero en Japón no está mal visto. Es más, la práctica se conoce como "INEMURI" y se considera una consecuencia directa de trabajar duro.

Por cierto, como no está mal visto, si el de al lado se inclina hacia tu hombro, no te queda mas remedio que aceptarlo y esperar a que buenamente abra los ojos. Imagino que será un honor tener un contacto tan cercano con alguien tan entregado a la causa laboral!

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En fin, con esto y un bizcocho, hasta el próximo viaje a las ocho, jaja!

Arigato gozaimasu!!