Maine 2017 - 24 SEP (dia 7)

Como comentaba ayer, toda esta zona estuvo cubierta en su día por un gigantesco glaciar. En cualquier momento, mirando sobre los enormes bloques y formaciones de granito rosa de la zona, se pueden ver las hendiduras brutales que, a modo de punzón, produjeron las rocas y los restos atrapados en la masa de hielo. Y dentro de este paisaje, aparecen también enormes rocas redondeadas que, cuando llegó el deshielo, se quedaron en los sitios mas insospechados. Lo que se ve en la foto es la roca más famosa del parque. Se la conoce como Bubble Rock y los geólogos creen que procede de la zona del Lago Phillips, a unos 30 km al norte del parque. La fuerza del glaciar la arrastró sin piedad hacia el sur y así hoy podemos verla al borde del precipicio de lo más alto de South Bubble. Por cierto, aunque parezca inestable, según dicen es casi imposible que se caiga. Así que todo el mundo, para hacer la gracia, se hace la foto como si quisiera tirarla. 

Cuando bajábamos hacia el parking, hemos visto de nuevo el cartel indicando el camino hacia North Bubble, el monte gemelo. Aparentemente tenía la misma distancia hacia la cima y, como no nos había costado mucho lo que acabábamos de hacer, nos hemos animado sin dudarlo. Pero a los pocos minutos hemos descubierto que esta subida no tenía nada que ver con la anterior: estaba todo lleno de rocas y la inclinación era mayor. Aún así lo hemos conseguido y con un premio espectacular: las mejores vistas del Jordan Pond. Qué maravilla.

De nuevo en la encrucijada de caminos, nos hemos animado a seguir lo que estaba indicado como "Bubbles Divide" que, según lo que veíamos en nuestros mapas, parecía la manera más corta de llegar a la laguna. A los pocos metros se presentaba ante nosotros una bajada sólo apta para los más intrépidos, con rocas, rocas y más rocas. Aunque no es complicado, requiere tener buenas rodillas y equilibrio, porque esto es como bajar unos grandes escalones alocados e irregulares. Nosotros hemos tardado unos 20 minutos, yendo muy tranquilos y sin incidencias. 

Una vez junto al camino que rodea la laguna, hemos ido hacia la derecha, buscando la zona de las pasarelas de madera que vimos el otro día, para terminar en el restaurante y hacer de nuevo la famosa foto de los montes donde acabábamos de estar, The Bubbles. 

Después de picar algo, hemos analizado bien el mapa de la zona y afortunadamente no hacía falta volver al parking por el mismo camino de piedras. Existe otra subida, bien señalizada y más llevadera, justo unos metros antes de llegar a la South Bubble. Mejor. Mucho mejor.

Dicen que el mejor amanecer del parque se ve desde Cadillac Mountain. Es posible que sea cierto, porque lo que hemos visto desde ahí (ya horas más tarde) era impresionante. Es el lugar más elevado de la isla y, en un día despejado, seguro que esto es una pasada. 

Por cierto, aunque el parking es grande y amplio, suele estar lleno casi todo el rato, porque (obviamente) es otro de los sitios de obligada visita. Imagino que en verano los miles y miles de turistas que vienen todos los días a la isla pasan por ahí al menos una vez.

También desde Cadillac Mountain se pueden hacer unas fotos espectaculares del cielo por la noche. Nosotros no tenemos una de esas supercámaras de profesionales, pero ni falta que hace. Mejor cenar y pasear después, viendo las estrellas (no tan nítidas como desde lo alto) pero igual de bonitas. He intentado hacer varias fotos desde la orilla y, aunque no ha quedado perfecta, al menos se puede apreciar lo que pueden ser los cielos en estas latitudes. 

Una pena que unas horas nos tengamos que marchar de aqui. Pero qué suerte haber podido disfrutar de ello.

Buenas noches!!

Maine 2017 - 23 SEP (dia 6)

Desde casi primera hora estábamos ya en el parking de Sand Beach para comenzar una de las excursiones más populares del parque: Ocean Path. Es importante llegar pronto para dejar el coche sin problemas y para no encontrarse con las hordas de visitantes. Y es que a lo largo de la línea de costa de granito, se pueden ver un montón de formaciones peculiares. 

Llama especialmente la atención esa colección de pliegues en las rocas, consecuencia directa de la enorme masa de hielo que hubo en esta zona en la era glacial. De hecho, ésta es la razón de que el paisaje esté tan "redondeado" (por decirlo de alguna manera) y de que haya esas grandes líneas profundas en los grandes bloques de granito. 

El Thunder Hole es una de las paradas imprescindibles (y por tanto susceptible de estar constantemente masificada). Se trata de una pequeña cueva excavada por la fuerza constante del mar y que en ese ir y venir de agua crea un sonido fuerte y violento, que recuerda a un trueno. O a un tambor gigante. Para verlo, hay que bajar unas escaleras, aunque el tramo final parece que está cortado por seguridad (mejor porque así las fotos salen estupendas). Según el panel informativo, el momento ideal para disfrutar de este efecto es dos horas antes de la marea alta. Nosotros hemos estado como tres horas antes y la verdad es que ya impresionaba el zambombazo.

El paseo ha sido muy muy agradable. Desde el camino principal es interesante acceder a las zonas de las rocas para contemplar bien el paisaje y sus diferentes formaciones.

Tras picar algo, hemos terminado el Park Loop (que cada vez tenía más coches y más gente) y nos hemos encaminado hacia el oeste de la isla. Eso sí, antes hemos parado en Somesville para hacer fotos. Y ahí ha sido donde he podido fotografiar a esta preciosa libélula roja (o Red-Veined darter) sobre una hoja. Hacía muchos años que no veía una!! Qué bonita.

Bonitas también son las vistas que ofrece el Ship Harbor Trail. El camino transcurre entre zona boscosa y costera, con pequeños tramos de matojos altos (importante taparse bien las piernas para evitar sustos indeseables de picaduras y garrapatas). 

Si hubiéramos tenido marea baja, habríamos podido ver a todos esos "inquilinos" que habitan cerca de la costa y que se aprovechan de la riqueza de alimentos que transita en cada subida y bajada. Pero bueno, con lo que hemos leido en uno de los paneles informativos, ya nos hemos quedado más que satisfechos.

A pocos minutos de distancia se encuentra, cómo no, el que va a ser nuestro restaurante favorito de la isla. Como no podía ser de otra manera, repetimos cena en Thurston's Lobster Pound. Hoy ya no hemos entrado como pardillos; sabíamos perfectamente lo que íbamos a pedir sin titubeos. Dos langostas, de kilo y medio cada una, elegidas desde esta pequeña piscinita tras haber sido capturadas esta mañana. Hoy ya no hemos hecho tantas fotos y nos hemos dedicado en cuerpo y alma a la comida. Qué buena la langosta, hmmm!! Y cómo la vamos a echar de menos cuando volvamos a casa... snif!!

Ya en Bar Harbor hemos dado una vuelta por el centro. No estaba todo lo animado que se podría esperar un sábado por la noche y quizá esto se deba a las actividades astronómicas que tienen lugar este fin de semana. 

Lo que sí hemos probado es el famoso helado de langosta de Ben & Bill's. Si, eso es, helado de LANGOSTA. Y está muy bueno! Y no es una simple masa triturada: se pueden ver perfectamente los tropezones del crustáceo. Ñam ñam ñam!!

Buenas noches!!


Maine 2017 - 22 SEP (dia 5)

Ayer no me pareció importante comentarlo pero como hoy ha vuelto a suceder lo mismo, está claro que la anécdota es más bien una rutina. Me estoy refiriendo a unos trasatlánticos impresionantes que se acercan a la costa justo después del amanecer y que van desembarcando a sus pasajeros ordenadamente en pequeños barcos hacia la orilla (no, aquí no hay puerto - ni calado - adecuado para estas "ciudades flotantes"). El que hemos visto hoy pertenecía a la Holland America Line. Buscando un poco por internet, hemos descubierto que salió hace unos días de Montreal y se dirige a Boston (Bar Harbor es justo la penúltima escala). Qué cosas.

A las 12 salía otro barco de aquí rumbo a un punto indeterminado del Golfo de Maine para ver ballenas. Hace ya meses que habíamos comprado las entradas y estábamos muy emocionados con la idea de verlas. Como teníamos que estar una hora antes en la taquilla, hemos rellenado el tiempo esta mañana paseando por el pueblo, viendo gente, tiendas y un par de iglesias que estaban abiertas. Pero cuando hemos llegado con papel y documentación en mano, la chica nos ha dicho que ayer decidieron cancelar la salida por mal tiempo. Nos hemos quedado de piedra. Y, visto el panorama, hemos renunciado a que nos reubicaran en el barco de mañana (que, ojo, no es seguro que salga y podría obligarnos a desperdiciar otra mañana). En fin, que no ha podido ser, pero estas cosas son así de incontrolables y si por seguridad tenemos que esperar otros tantos años más para verlas, así lo haremos sin problema. Será por excusas para volver!

En pocos minutos ya teníamos organizado un nuevo plan. Y para ello, teníamos que desplazarnos hasta la parte oeste de la isla. 

Sin quererlo ni esperarlo, a medio camino nos hemos encontrado con este precioso puente blanco en Somesville. Si se conduce un poco al despiste no hay tiempo de reacción para poder dejar el coche en el parking cercano, pero es posible enmendarlo: a pocos metros hay una iglesia en la otra acera con sitio de sobra. Sea como sea, creo que merece la pena disfrutar del entorno sin prisas.

El GPS casi nos la juega una vez más. Pero no es cosa de éste, sino de casi todos. Hay muchos sitios dentro de los parques nacionales (o puntos de interés en plena naturaleza) a los que no puedes acceder bien si te guías solo por el aparatito. El mapa de papel que te dan a la entrada es básico y siempre te puede solucionar muchas cosas. Lo que ya no entiendo es cómo Google Maps se las apaña para llevarte sin problema (¿?) y los GPS aún no pueden con ello. En fin, que al final hemos conseguido llegar hasta el parking de Beech Cliff. Hemos hecho una pequeña excursión para estirar bien las piernas, llegando hasta la parte superior, junto al borde del barranco y alli estado un buen rato, con buenas vistas de Echo Lake y las Cranberry Islands. 

Aunque para vistas, las del plato de la cena. Nos hemos acercado hasta Tremont, otro de los pueblos de la isla, para comer, sin duda, la mejor langosta que hayamos probado nunca. OHhhhhhhHH!!!! El local se llama Thurston's Lobster Pound y es de lo más peculiar. Según entras, eliges la comida en una especie de mostrador. Ahí mismo las tienen, en agua, recién atrapadas horas antes por la mañana. Y se pueden elegir por tipo de caparazón (duro o blando) y por peso. Le hemos preguntado a la chica que estaba atendiendo y al final nos hemos decidido por dos langostas de caparazón blando de aproximadamente 1 kg cada una. Todas incluyen su correspondiente vasito de mantequilla, sus herramientas, servilleta, cubiertos... y el babero. Por supuesto. Porque si uno no va con cuidado, puede terminar como un auténtico cuadro de Pollock.

A 10 escasos minutos del restaurante, se encuentra el faro de Bass Harbor. Si alguna vez buscáis en Google imágenes del parque, fijo que aparecerá entre las primeras, porque es uno de los sitios más bonitos para ver el atardecer a estas latitudes. Eso sí, hay que tener en cuenta tanto la previsión como las horas de la marea. Esta foto de la izquierda sólo se puede hacer si coinciden (más o menos) la puesta de sol con la hora de la marea baja. Y tanto ayer como hoy esto era posible. Esperando una afluencia masiva en un parking ridículo, nos hemos ido con tiempo de sobra. Ha sido lo mejor. Y viendo dónde se colocaban los expertos fotógrafos, nos hemos acercado hasta una roca más o menos plana que estaba casi al borde de donde rompían ya las olas. Tranquilidad, que yendo con cuidado, no hay problemas. Conforme se acercaba la hora del ocaso, cada vez aparecía más gente, pero ya nosotros teníamos el mejor sitio y la mejor perspectiva. 

Aunque al final las nubes se han compactado demasiado, ha sido una bonita puesta de sol. Y hemos tenido muchisima suerte con la marea!!

Hale, a dormirrrrr...!!!

P.D: "repeat after me - loooobbb... staaaaaahh!!" 

Maine 2017 - 21 SEP (dia 4)

FO-TA-ZA. Vaya FO-TA-ZA. 

Seguro que lo estábais pensando también ahora. Y es que esta mañana se nos han quitado todos los males de lluvia y cielo gris. Nos hemos despertado prontísimo por culpa del jetlag, pero al descorrer las cortinas... sorpresa!! Se confirma que los mejores amaneceres de este país se ven desde aquí. Madre mía, qué espectáculo. Sólo por haber podido ver esto ya ha merecido la pena el esfuerzo y la espera. Bien!!

No lo había dicho hasta ahora, pero en este viaje vamos a ver un pequeño parque nacional que se encuentra en esta isla de Mount Desert. Se llama Acadia y su creación no habría sido posible sin el esfuerzo de George Dorr, que consiguió parar las ansias especulativas de los adinerados de la capital y se gastó toda su fortuna en preservación y adquisición de nuevos terrenos para el parque.  Su familia solía pasar los veranos en Bar Harbor y desde el primer momento algo le dijo que si no hacía algo, la isla quedaría invadida de gente y casas, destruyendo el entorno natural para siempre. Aunque el hombre muriese con 90 años y casi arruinado, creo que su labor es algo que todos deberíamos agradecer enormemente. 

Viendo la cantidad de gente con la que hemos coincidido en el desayuno, hemos salido pronto hacia el centro de visitantes de Hull Cove. Allí nos han dado un mapa y la cartulina verde que te permite moverte por todo el recinto sin problemas. 

Con mucha emoción hemos comenzado conduciendo por la ruta clásica del parque, la Park Loop Road. Desde hace ya muchos años, y para evitar atascos innecesarios, sólo se permite conducir en un sentido, con lo que puedes ir parando más o menos cuando quieras, dejando el coche en el margen derecho de la carretera. Hasta aquí todo bien. El problema está en que casi no hay carteles que te indiquen dónde están las cosas que hay que ver (!!!), así que o tienes buena guía o tienes buen ojo para encontrar los enclaves interesantes. En este aspecto, el parque necesita mejorar (ya hemos visto unos cuantos y esto no nos había pasado nunca).

De lo que hemos visto, destaco Beaver Dam Pond (un estanque muy bonito donde se suelen ver castores al amanecer y anochecer), Sand Beach (que creo que es el único sitio con arena junto al mar de toda la isla), Thunder Hole (una fisura enorme entre las rocas donde los días de viento el mar rompe con una fuerza brutal - y uno de los sitios donde más gente se concentra por milímetro cuadrado, especialmente desde dos horas antes de la marea alta -), Otter Point (las fotos con marea alta son preciosas desde aquí) y Little Hunters Beach (una playa llena de guijarros enormes donde las olas rompen con fuerza y hacen un efecto sonoro como el que tuvimos el año pasado en Ruby Beach del Olympic Park. Muy bonito todo.

La hora de comer nos ha pillado cerca de Jordan Pond. Esta preciosa laguna se encuentra en un enclave único, con un par de formaciones redondeadas al fondo (las famosas "bubbles"!) que quedan perfectas en las fotos. Su agua es potable y es tan clara que se puede ver hasta 14 metros de profundidad sin problema. Sobra decir que es la formación de agua más transparente de todo el estado y que aquí NO se permite nadar. 

Por su situación y por su tranquilidad, esto suele estar muy concurrido, así que creo que si uno lo tiene claro, aquí hay que venir a primera hora, para poder dejar el coche sin problemas en el parking.

Nosotros hemos tenido la feliz idea de no comprar bocata y arriesgarnos a comer en hora punta en el único restaurante de todo el parque, Jordan Pond House, que está obviamente junto a esta laguna. Y claro, así nos ha tocado estar dando vueltas entre los dos parkings del restaurante. 

Hasta que hemos dado con la solución (ver FOTO): dejarlo a medio camino (mitad de ruedas dentro, mitad de ruedas en tierra) aprovechando el espacio que había en una especie de curva, jejeje! Seguro que más de uno habrá pensado eso de "cómo no se me había ocurrido a mí antes?" (pues porque no estarías tan agobiado o desesperado como nosotros).

Una de las razones de éste "órdago a la grande sin bocata" es precisamente lo que se ve en la foto de la izquierda. Se llama "popover" y se sirve como acompañamiento a la hora del lunch y del té. Se trata de una masa de harina, huevo y leche, que se mete al horno en moldes parecidos a los de las magdalenas y que, llegado el momento, el aire atrapado en la masa hace que ésta se expanda como si fuera una palomita de maíz, dejando la parte interior hueca y la exterior casi crujiente. Se sirve con mermelada y mantequilla y la verdad es que están muy buenos. Según dicen, son los mejores de toda la isla - y es que esta tradición tiene mucho rodaje y más de 100 años de historia, que ya se dice pronto -.

Después de comer hemos hecho una pequeña ruta por la zona de la laguna. No había mucho agobio de gente, así que hemos estado muy tranquilos. Aunque hay dos partes diferenciadas en este paseo: empezando por la derecha, en sentido contrario a las agujas del reloj, se trata de un camino más o menos llano, sencillo y sin mucha complicación. Pero desde la mitad del trayecto la cosa se complica, con rocas grandes y terreno bastante irregular. No es díficil de hacer, pero ya no vale para todos los públicos. Por cierto, lo mejor de esta segunda parte es que durante un buen rato el paseo transcurre entre grandes tablones de madera que son una delicia para todo entusiasta de la fotografía. Aunque si lo que se quiere es tener fotos despejadas de gente, hay que acelerar bien el paso antes para llegar el primero a esta zona (a nosotros nos ha funcionado!)

Tras volver al hotel y picar algo rico, nos hemos sentado de nuevo en los bancos de Main St, mientras veíamos pasar gente y algunos coches. Al otro lado de la calle, junto a una heladería, estaba un violinista tocando canciones populares americanas. La verdad es que se puede respirar tranquilidad por todas las esquinas de este sitio. Pero bueno, casi es la tendencia de este viaje. Estos pequeños pueblos de costa son una maravilla para reencontrarse con la vida sencilla, sin más agobios que levantarse con los mejores amaneceres del país, comer sano y disfrutar de la vida. Viva Maine!!

P.D: habría estado bien que el violinista nos sorprendiera con canciones tan chulas como la que aparece en la BSO de "Regreso al Futuro 3", jeje!



:)

Maine 2017 - 20 SEP (dia 3)

La sombra de la nube es alargada. Qué gris era mi viaje. Llueve sobre mojado. A estas horas se me empiezan a ocurrir infinidad de maneras para etiquetar otro día más de cielo gris y lluvia. Un poco de humor siempre es bueno en estos días.

Cuando hemos llegado a Camden (siguiente parada) parecía que teníamos una pequeña tregua, pero después de estar un rato haciendo fotos por el centro y la zona del puerto, ha vuelto esa lluvia fina e incómoda que va calando lentamente. 

*Recordatorio: en muchas zonas del centro, se permite aparcar el coche por un máximo de 2 horas. No me digáis cómo controlan el tiempo, porque no hemos puesto papelito de ningún tipo y parece que se respeta bien este tema. 

Podíamos haber aguantado un poco más, pero quizá era el momento adecuado para picar algo con un par de cervezas locales. El Sea Dog Brewing Co. es especialista en cervezas de estilo británico y tiene varios locales en Maine y Florida. Hemos elegido un par de ellas al azar (muy ricas, por cierto) y las hemos acompañado de un espectacular lobster roll. No sé cómo serán los próximos que tomemos, pero desde luego la frescura, suavidad y sabor que tenían éstos va a ser difícil de superar. Hmmm, buenísimo, buenísimo, buenííísimo!!

Otro par de horas después por fin hemos llegado hasta Bar Harbor, el pueblo en el que estaremos durante los próximos días. Y desde el primer momento nos hemos dado cuenta de que en Maine sí que hay gente, sólo que está concentrada en pequeños núcleos junto a la costa. Esto me recuerda algo que he leído esta mañana:

- Augusta (capital de Maine): unos 20.000 habitantes
- Portland (ciudad más poblada): unos 66.000 habitantes
- Bar Harbor: poco más de 5.000 habitantes
- Población total del estado de Maine: aprox 1.300.000 habitantes

Ojo, en Portugal (que ocupa la misma extensión) viven más de 10 millones de personas

Estadísticas aparte, tras hacer el check-in, hemos dado un pequeño paseo por el pueblo. Bueno, más bien por el centro, que está lleno de tiendas de todo tipo y sitios para comer. Casi todos los hoteles, hostales y B&B están algo alejados y, sinceramente, creo que es lo mejor, porque así se garantiza el descanso, especialmente cuando hace buen tiempo y hay mucho bullicio en la calle. 

Hemos cenado algo rápido y luego nos hemos lanzado a probar una de las delicias locales: el whoopie pie. No se ve muy bien en la foto, pero consiste en un par de bizcochos redondos (y jugosos) con relleno. Según parece, la receta es de origen Amish y, aunque cada vez se pueden encontrar en más sitios de la zona Este, fue en Maine donde se comercializaron por primera vez. Aquí los hemos probado en Pink Pastry Shop, uno de chocolate y otro de calabaza picante, y estaban realmente buenos. Tanto que me parece que volveremos a pillar más estos dias, jajaja!

Night night!


Maine 2017 - 19 SEP (dia 2)

"Buenos días príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra".

Esta es la frase (adaptada, obviamente, de la película "Las normas de la casa de la sidra") que se me ha venido a la cabeza cuando he visto el pedazo de plato que nos han puesto hoy para desayunar en "The Greenery Cafe". Es un revuelto de jamón, queso, pimientos, y cebolla con patatas y pan con mermelada casera, todo ello acompañado de un zumo de naranja recién exprimido. Y puedo asegurar que estaba buenísimo. Pero el otro plato que hemos pedido también era espectacular: huevos benedictinos con langosta, hojas de espinaca fresca y patatas, acompañado de otro zumo. Y es que con dos platos así, da gusto comenzar el día. Además, la camarera nos ha tratado genial y nos ha dado la bienvenida a Maine, deseándonos un feliz viaje. Ohhhh!!!!

Con el estómago bien lleno, nos hemos acercado al final a Perkins Cove. Hemos dejado el coche en el parking y resulta que la máquina es un tanto complicada. Por suerte, la abuelita encargada de la garita (que debe de tener más de 80 años y sin exagerar) nos ha explicado a todos cómo funciona. Divertidísimo!!! A P. le ha dicho que aprende muy rápido (normal, siendo casi los más jóvenes en varios kilómetros a la redonda, jeje) Hemos estado dando una vuelta, viendo varias tiendas y paseando junto al puente peatonal. Una pena que el día estuviera tan gris, pero bueno, ya habrá días de mejor sol en breve.

A pocos kilómetros de Ogunquit, se encuentra Kennebunkport, un animado pueblo costero que, a juzgar por lo que hemos visto, en verano tiene que ser un hervidero de gente y atasco de coches. Muchas tiendas, gente, y casitas bonitas, aunque también tiene su remanso de paz junto a la costa. De hecho, la pequeña iglesia de Santa Ana está en un enclave único, rodeada de árboles y naturaleza. Se hizo en el S.XIX, y recuerda mucho a esas pequeñas iglesias medievales europeas. Justo al otro lado del recinto, hay un altar y unos bancos fijos de madera, donde se pueden celebrar bodas al aire libre, mientras las olas del mar rompen en las rocas a modo de música contínua e hipnótica. Precioso, de verdad.

Aunque, este tipo de ceremonias al aire libre no son exclusivas de esta iglesia. Al otro lado del pueblo está el monasterio de San Antonio. Construido posteriormente, ya en el S.XX, se nota ese toque "moderno", un tanto feote para mi gusto. Pero vamos a la curiosidad del día: en la zona boscosa frente a la iglesia, se encuentra un altar protegido por rocas (a modo de cueva natural) y un montón de bancos de piedra. Como se ve en la foto, aquí las bodas al aire libre quedan también preciosas. Sólo hace falta tener un día soleado y con buena temperatura, verdad?

De vuelta al centro nos ha dado el ataque de hambre y, animados por la cantidad de gente que estaba haciendo cola, hemos pedido nuestra comida en The Clam Shack, una pequeño puesto callejero junto al puente principal donde el marisco es el protagonista absoluto. Hemos pedido dos bocadillos de langosta (los famosos "lobster rolls"), clam chowder y un par de limonadas. Todo muy rico y fantástico para hacer un lunch como auténticos lugareños. Por cierto, para evitar el caos de gente, hay que hacer el pedido (y pagar) en la taquilla de la derecha, y luego esperar a que digan tu número para recoger el pedido en la taquilla de la izquierda. 

Después de comer, teníamos planeado ver un par de faros en la zona de Cape Elizabeth, pero justo al llegar nos ha pillado un chaparrón salvaje y hemos tenido que cambiar los planes irremediablemente. No nos ha quedado más remedio que dirigirnos hasta Portland (siguiente parada), para dejar los trastos en el hotel y dar una vuelta por el centro. Justo aquí ya no llovía casi y se podía pasear tranquilamente. Por cierto, en la zona del Long Wharf nos hemos encontrado con una sección del famoso Muro de Berlín. Si alguien está interesado en el tema, que sepa que muchos países tienen restos de esta triste (y vergonzosa) construcción. La lista, AQUI.

Terminamos el día con una estupenda cena en el restaurante Solo Italiano de Portland. Hemos tomado ñoquis con salmón y tallarines a la boloñesa, pero lo que más nos ha entusiasmado es lo que se ve en la foto: una focaccia de jamón y burrata que nos ha dejado casi sin habla. Impresionante. 

Por cierto, la camarera que nos ha atendido ha sido simpatiquísima e incluso nos ha aconsejado con las bebidas (queríamos probar algún cocktail y el sugerido de limoncello ha sido un acierto)

Ahora a ver si descansamos bien, que mañana nos espera un largo trayecto de coche, con bastante lluvia y cielo gris. En teoría ya el último día de agua de todas las vacaciones. A ver si es cierto!!

Maine 2017 - 18 SEP (dia 1)

Aún recuerdo el día en el que le dije a varios compañeros que mi siguiente viaje era a Maine. Algunos me miraron con cara de perplejidad, como intentando ubicar la localización, y otros simplemente pensaron que estaba repitiendo (una vez más) el destino de vacaciones. Aunque ninguno va a leer estas líneas, quisiera aclarar a los demás que este país es tan extenso y tiene tantos paisajes diferentes, que permite hacer cientos de viajes sin más problemas que... la propia entrada al mismo.

Ya lo he comentado varias veces, pero el trámite de la aduana es farragoso y puede poner al límite la resistencia a la frustración del más tranquilo. El año pasado me retuvieron durante 90 largos minutos en el famoso "cuartito" de Nueva York y para este viaje, además de nervios, tenía mis serias dudas sobre si volverían a repetir la jugada. Según dicen, una vez salta tu nombre en el sistema, ya poco puedes hacer. Así que cuando hemos intentado pasar nuestro pasaporte por el registro automático de entrada y ha salido la famosa "X gigante" en el papelito blanco, todas las alarmas se han disparado. 

Otra vez. No puede ser. El hombre que teníamos justo delante en la fila nos ha dicho que a él SIEMPRE le paran porque, entre otras cosas, su segundo nombre es "Mohammed". De repente me he sentido menos desdichada, pero no he podido dejar de pensar en qué le pasó a mi nombre el año pasado para levantar tantísimas sospechas.

El policía que nos ha atendido parecía majo. De hecho, al pasar mi pasaporte por el escáner, ha saltado algo en el sistema. Desde mi posición no podía mirar la pantalla, pero ha tecleado algo y segundos después, me ha tomado las huellas, me ha hecho una foto y... voilá!! ya estaba admitida!!

[Por favor, por favor... pinchad en el siguiente enlace para compartir este momento conmigo...]


Ohhhhhhh... que momento de alegría, por favorrrrrr!!!!

Una vez fuera, hemos subido en el shuttle bus de la linea azul para llegar al edificio donde se encuentran todas las compañías de alquiler de coche. Nos ha atendido una señora bastante apática a la que sólo le faltaba decir que la vida era una mierda, pero con el subidón que tenía encima, me ha dado prácticamente igual. Hasta que, al acercarnos al Toyota Prius que aparecía en el papel, hemos descubierto que nos había asignado el mismo coche que a otro cliente. Bien por la señora. Premio total a la falta de eficiencia. El pobre señor, que ya estaba con todas sus cosas dentro del coche y a punto de salir del garaje, se ha acercado con nosotros hasta la oficina de control de vehículos. Allí estaba otra trabajadora de la empresa, con más ánimo que la anterior, pero también parca en palabras: "ok, quién se queda el coche y quien se espera a tener otro?". Eso si que es una respuesta tranquilizadora. Asumir el error debe de estar muy sobrevalorado en estas tierras. Alguien se imagina esto en Europa???

Como no podía ser de otra manera, le hemos dejado al hombre con su Prius y nos hemos esperado 5 minutos más para tener otro. Pero aquí la colega parece ser que tenía mucha prisa y creo que nos ha dado el primero que ha pillado en la lista. Y claro, así ocurre lo que ocurre: el coche estaba sin limpiar (!!!!!!!) y olía fatal. ¿¿Se puede saber qué pasa en esta ciudad con esta empresa de alquiler??

Afortunadamente no todo es tan malo: en medio de nuestras quejas junto a esa amalgama de olores impracticable hemos visto a otro trabajador y mientras le comentábamos que así no se podía entregar el coche... nos ha visto con buenos ojos y como "no gringos" (era hispano, obviamente) y nos ha dado, así sobre la marcha, el que estaba justo al lado, un SUV estupendo, superlimpio y con un olor a nuevo impecable. Este gesto nos ha llegado a la patata irremediablemente. Sha la la la lee... yeah!

Salir del aeropuerto Logan de Boston es toda una odisea de carriles y tráfico cansino. Parece que hemos pillado la hora punta del lunes. Afortunadamente, el GPS que compramos el año pasado funciona MUY bien y nos ha sacado del atolladero sin pestañear. Bien!

Hemos cruzado New Hampshire estupendamente (viva la carretera recién asfaltada) y en nada ya estábamos en Maine, the pine tree state, "el estado del pino" - este sobrenombre se debe a que casi el 90% del estado son zonas verdes y boscosas, donde lo que más abunda es el pino. Y para los más curiosos, otro dato interesante: la extensión de Maine es casi como la de Portugal. Ahí es nada!!

Hoy hacemos noche en Ogunquit, uno de los sitios más turísticos del estado, aunque no hemos llegado en el mejor momento, porque el cielo estaba gris y una especie de niebla meona lo cubría todo.

Siguiendo las recomendaciones de la chica de recepción del hotel, hemos ideo a cenar a Jonathan's. Este pequeño - gran restaurante se encuentra lejos de la zona turística del pueblo. Es más, diría que es el lugar donde van los lugareños porque saben donde se puede comer tranquilamente y van a ser atendidos como en casa. Según hemos leído, el dueño decidió convertir la casa de sus padres en un restaurante y desde luego fue todo un acierto. Hemos comido clam chowder (sopa espesa de almejas), vieiras del Golfo de Maine y esa cerveza de calabaza que se ve en la foto. Si, si... de calabaza. Y estaba bueniiiiiisima, al igual que los platos que hemos elegido. Qué suerte hemos tenido. Por cierto, esta cerveza sólo está disponible en Septiembre y Octubre, así que hay que aprovechar como sea para disfrutar de ese sabor de mezcla imprecisa y toques de canela.

Cuando hemos salido del restaurante ya estaba la noche muy cerrada. No me extraña que los mejores cielos del país estén por aqui, porque casi no hay alumbrado público y la contaminación lumínica debe de ser ridícula.

Nos hemos acercado hasta la zona de Perkins Cove, por si acaso mañana no nos diera tiempo o estuviera todo muy feo por la lluvia. Y, a estas horas, sin gente, las fotos tenían su encanto. Por cierto, el parking sólo se paga de 8am a 8pm, así que nos ha salido gratis, jeje!

Ahora a dormir... que ha sido un día muy muy largo y el jetlag ya nos está esperando con los brazos abiertos.

Sha la la la lee, yeah!!

:)



Dublin 2017 - 27 AGO (dia 3)

Terminamos el finde con una visita pendiente desde hacía muchos años: la destileria Jameson de Bow St. Bueno, pendiente para P., porque yo ya estuve aquí hace 15 años y recordaba una visita guiada muy interesante donde aprendías cosillas sobre la historia de de la marca, el procesado de whisky irlandés y al final tenías una especie de barra libre donde poder tomar el preciado licor tranquilamente. Los niños tenían zumo asegurado, así que tampoco había problema para ellos. Pero está claro que alguien ha decidido modernizar la visita en todos los aspectos y, desde mi punto de vista, se ha cargado un poco el espíritu inicial que conocí en su día.

Y es que ahora se centra casi todo en la famosa cata de whisky del final (mejor sin niños, obviamente), con lo que da la sensación de que a nadie le importa ya saber cosas sobre el procesado de licor, por ejemplo. Los grupos son grandes, los guías hablan rápido y parece que quieren terminar cuanto antes... para su siguiente tour. De todas formas, nos lo hemos pasado bien (K. se ha acercado también para hacer la visita con nosotros), hemos aprendido a diferenciar diferentes procesados (americano, escocés, irlandés) y los tres hemos coincidido que el mejor es el irlandés.Pero por goleada. Lo siento Johnnie Walker y Jack Daniels, pero no tenéis nada que hacer!!

Al final de la visita te dan un whisky a elegir entre solo, con hielo, o combinado con ginger ale y lima. Hemos elegido esta última opción y, sin quererlo, hemos descubierto una combinación estupenda para pedir en futuras ocasiones. Muy rico, oiga!!

De vuelta al centro hemos parado a comer en un pub de Temple Bar (que, cómo no, estaba saturadísimo de gente): The Old Storehouse. Los tres hemos pedido bangers & mash o, lo que vienen siendo salchichas de cerdo con pure de patatas y salsa espesa de cerveza. Puede parecer un plato simple, pero estaba bueniiiiisimo. Para acompañar, como bien se ve en la foto, una pinta de Guinness, y de postre, un cheesecake de Baileys. Una despedida perfecta para un finde perfecto.

Me da mucha pena dejar la ciudad que un día me acogió con los brazos abiertos, con su "Céad míle fáilte!" (cien mil bienvenidas!) y me enseñó que había vida "más allá de la comarca", pero se que volveremos tarde o temprano y disfrutaremos tanto o más que el primer día.

Una vez más, gracias por todo!!

...

P.D: Hablando con K. he recordado otra canción que siempre me ha gustado y que está muuuuy ligada al espíritu del país. No podía dejarla pasar... early in the morning! - Venga, a cantar todo el mundo!!!!





"Way hay and up she rises
Way hay and up she rises
Way hay and up she rises
Early in the morning!!!!"

Dublin 2017 - 26 AGO (dia 2)

Puede parecer una broma, pero prometo que es cierto: esta mañana hemos visto una exposición de Vermeer en la National Gallery de Dublin y tan sólo la semana pasada nos enteramos de que estaba por aquí. Toma ya. Cuando compramos los billetes de avión hace mogollón de meses no teníamos ni idea de cómo íbamos a organizar el fin de semana y ahora, casualmente, nos encontramos este regalazo. Ole y ole. 

La exposición está muy bien organizada y, a diferencia de otras que hemos visto, aquí te dan un fantástico librito explicando todos y cada uno de los cuadros. Hay 60 cuadros en total, 10 de Vermeer, y esta vez hemos visto 3 por primera vez. El día que terminemos la famosa lista vamos a hacer una fiesta, jaja! (para el que no lo sepa, hay sólo 35 cuadros - uno desaparecido / robado - y otro que se pone en duda... que sí hemos visto)

Al salir de la exposición, hemos pasado por unas cuantas tiendas de regalos y souvenirs y, de repente, nos ha dado la impresión de que teníamos que volver al kilómetro cero de la bebida nacional irlandesa: la Guinness Storehouse. Así que, nos hemos pillado un taxi y nos hemos plantado en St James Gate como unos campeones.

Muchas cosas han cambiado desde la última vez, especialmente el tema de gestión de entradas (ahora puedes comprarlas en una máquina para agilizar la cola) y en la exposición por dentro. Vamos, que se nos han vuelto muy modernos y futuristas, pero sin perder su esencia. Además han habilitado unas zonas estupendas donde poder disfrutar tu pinta de Guinness incluida en la entrada. De hecho, recomiendo hacerlo en la "Guinness Academy", donde te explican muy bien cómo tirar la cerveza correctamente y luego puedes tomarla sin prisas en las maravillosas mesas de la sala. Lo que no recomiendo para nada es el saturadísimo Gravity Bar de la parte superior, porque la experiencia puede resultar bastante agobiante. 

De vuelta en el hotel (había que dejar las compras), teníamos varias opciones, pero como las nubes se estaban disipando bastante, nos hemos animado a coger el DART y por 6 euros hemos pillado un i/v hasta Howth, el famoso pueblo pesquero del norte de la Bahía de Dublin. 

Aquí el viento casi termina con nosotros. Nos hemos acercado hasta el faro, hemos hecho un montón de fotos al atardecer, pero ya no hemos podido continuar hasta los acantilados. Mejor en otro momento más tranquilo. 

Desde que uno pisa el pueblo, ya empieza a oler a comida. Casi todos los locales junto al puerto y el paseo marítimo son restaurantes, así que hay que hacer un esfuerzo titánico para no parar en el primero a picar algo. Todos tienen buena pinta, pero nosotros nos hemos alejado de esta primera línea y hemos terminado cenando en The Abbey Tavern. Hemos tomado salmón con verduras y puré de patatas, y gambas rebozadas con ensalada y patatas fritas. Todo muy rico, aunque han tardado un buen rato en traerlo. Menos mal que no teníamos prisa, jaja!

La vuelta a Dublin ha sido un tanto extraña (un par de parones en medio de la nada, y aún seguimos sin saber qué habrá pasado), pero hoy creo que vamos a caer como troncos y no vamos a oir nada del jolgorio que tienen montado en las calles vecinas.

Night night!!

P.D: nos han puesto para desayunar algo que no habíamos probado nunca: "potato farl". Es un pan de patatas, muy típico de Irlanda. Muy rico! Dejo aqui la RECETA que empieza con unas interesantes líneas en inglés (lo copio por si el enlace desaparece en un futuro): "The word farl originates from the Gaelic word fardel meaning four parts. These potato griddle breads can be made with leftover mashed potatoes too. Serve hot with a little butter and salt, or fry them alongside soda bread as part of an Ulster Fry-up"

Dublin 2017 - 25 AGO (dia 1)

En mis años tontorrones de adolescente desorientada, la vida me puso delante un viaje de estudios a Irlanda. "Le vendrá muy bien", dijo la profesora de inglés en su momento. Yo no era consciente entonces de lo que eso iba a suponer, pero está claro que hay un antes y un después de ese vuelo. 

Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero la ciudad sigue teniendo ese olor característico y ese indudable encanto imposible de describir.

Hablando de cambios, al loro con lo que nos hemos encontrado en este vuelo: entretenimiento via WIFI totalmente gratuito. Me parece una gran idea y, aunque la oferta se queda un tanto escasa, cumple bien su papel. Qué bueno es llevar siempre unos auriculares encima, jeje!

Excepto el pequeño retraso inicial (por culpa de unas maletas sin dueño), hemos hecho el vuelo sin problemas. A la salida de la T1 ya hemos visto la parada del AIRLINK 747 que nos iba a llevar al centro en 45 minutos por 12€ i/v. Imposible superar la oferta.

A las 7:30pm nos esperaba nuestra amiga K. para cenar en Café en Seine, un francés decorado con un gusto exquisito, al estilo de los locales parisinos de principios del S.XX pero con un toque bastante original. Entre otras cosas, hemos tomado este fantástico plato de merluza con ñoquis. Que ricoooo!! 

Cuando hemos terminado la cena, en la parte inferior del local ya se veían las luces de discoteca - probablemente se acercaba la hora del relevo de clientes y en breve cientos de enérgicos dublineses iban a invadirlo todo. No es que seamos abueletes, pero tenemos el cuerpo bastante cansado tras una semana agotadora de trabajo y nos hemos ido tranquilamente a acompañar a K. al autobús.

A ver qué tal pasamos la noche. Parece que nos encontramos en plena zona de jaleo nocturno y más vale que las ventanas nos protejan bien del ruido ajeno.

Night night!