Japon 2017 - 20 NOV (dia 7)

Como comentaba ayer, hoy decimos adiós a la primera etapa del viaje - bueno, "primera" y casi "principal", porque es el verdadero objetivo de estas vacaciones. Pero bueno, se nos ha pasado la semana casi volando y esta mañana otra vez tocaba hacer las maletas (por cierto, que hemos conseguido meter todo si problema). Ayer ya reservamos los asientos (viva la previsión!), así que hemos salido con un margen holgado de tiempo para estar tranquilamente esperando en el andén y poder entrar los primeros, dejando todo colocado en las baldas superiores. También hemos comprado un par de bentos para comer y nos hemos echado unas buenas risas.

Minuto a minuto, hemos esperado con impaciencia las vistas más deseadas del shinkansen, pero de nuevo no ha podido ser. La semana pasada todo estaba cubierto por la lluvia y hoy había demasiadas nubes. Vamos, que nos quedamos sin ver el Monte Fuji otra vez. Bohh. 

Recordatorio: al reservar asiento en las oficinas del JR Pass, si uno quiere, puede solicitarlos con "mountain views" - suelen ser los asientos de la fila de dobles.

La estación de Tokyo Station estaba a rebosar. Qué cantidad de gente! Claro que también había muchisimos carteles e indicaciones y eso nos ha despistado durante un rato, porque no sabíamos qué salida era la mejor para ir al hotel. Menos mal que la intuición sigue funcionando perfectamente y, no sólo lo hemos encontrado, sino que en nada ya estábamos montando en la Yamanote Line camino de Shibuya. Hemos pedido un par de chai lattes en el Starbucks y hemos subido a la planta de arriba para disfrutar del famoso cruce (el más transitado del mundo!!!). Una maravilla visual, oiga!

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Se me olvidaba: junto al cruce, en una pequeña plaza que hay a la salida de la estación de tren, se encuentra la famosa estatua de Hachiko, el perro fiel. Para quien no sepa nada de la historia, digamos que este perro acompañaba todos los días a su dueño, profesor de la universidad, hasta la parada de Shibuya y allí mismo le esperaba a su llegada. Durante más de un año el perro hacía la misma rutina, a primera hora le acompañaba y a última hora le recibía de nuevo, hasta que un día el profesor sufrió un infarto y falleció durante una clase. El perro, mientras tanto, seguía esperando a su dueño... y allí se quedó esa noche y al día siguiente y al otro... y así durante 9 años, cuando un día se lo encontraron sin vida. La historia es totalmente cierta y hasta se han hecho películas (la última, un remake estadounidense de 2009, con Richard Gere de protagonista). Esto sí que es un perro fiel y lo demás tonterias.

Luego hemos estado dando un paseo por la zona, llena de tiendas principalmente y algunos sitios para comer. Es entonces cuando parece que estás en otro planeta, viendo carteles luminoso sin fin y muchísima gente hablando en un idioma que no conoces. Me viene a la mente la película "Lost in translation" y me imagino a su protagonista caminando como nosotros con cara de alucinado.

La verdad es que no hace falta casi nada para disfrutar de todas estas rarezas. Basta con sentarse en un banco, el que sea, donde sea, y observar con detenimiento todas las personas que vayan pasando por delante. Si. Voy a tener que inaugurar una sección el próximo día con todo lo raro (y alucinante) que estamos viendo en este país!

Hace un momento hablaba del cruce más transitado del mundo. Pues Tokyo aún se supera a sí misma con Shinyuku, la estación de trenes más utilizada a diario, con casi 3 millones de personas. Madre mia. No es de extrañar que en el pasaje que da acceso al distrito financiero hayan colocado pasillos rodantes a uno de los lados.

Por cierto, en uno de los edificios de esta zona, se encuentra un mirador gratuito (y muy bien señalizado, por cierto) desde donde se pueden hacer unas fotos estupendas de la ciudad. Muy muy recomendable!

Y ahora a dormir. Que descanséis! 

Japon 2017 - 19 NOV (dia 6)

A tan sólo dos paradas de tren de la Nara Line se encuentra Fushimi Inari, un enorme conjunto de santuarios que se extiende por las laderas del monte Inari-san. Y la verdad es que, desde el primer gran torii que nos da la bienvenida, algo mágico envuelve la visita. Esto lo sé yo, lo sabe el vecino y lo sabe todo el mundo. Por eso es IMPRESCINDIBLE (así, con mayúsculas y bien destacado, para no olvidar) madrugar para visitarlo. Porque, señoras y señores, si queremos tener una experiencia única, hay que estar con poquita gente alrededor. Y este lugar es muy muy famoso para todos, pero en especial para ese "turismo de chincheta" que tanto agobio provoca. Nosotros hemos llegado sobre las 08:20AM y ha sido todo un acierto. Había gente, si, pero no hemos tenido problemas para disfrutarlo pausadamente, hacer fotos hasta aburrir y conseguir llegar a la cima sin sensación de asqueo.

Si. Hay que llegar a la cima. Y eso significa caminar durante 4 km por un sendero inclinado, con muchos tramos de escaleras, cubierto de toriis como si no hubiera un mañana. Pero es taaaan bonito y tan gratificante que merece la pena el esfuerzo. Además, la mayoría de la gente se queda a mitad de camino, aprovechando una zona amplia en la que hay un mirador con vistas a la ciudad. Así que los más atrevidos estamos de enhorabuena, porque podemos ver la cima unos 20 minutos después, y saludar (si se quiere) a los dioses del arroz y el sake, a quienes está dedicado el santuario. 

Para el que no se llegue a creer que este lugar está masificado a todas horas, simplemente tiene que ampliar la foto de la izquierda, hecha justo dos horas después de la anterior. Es el comienzo del camino hasta la cima y al loro, porque ya no se puede avanzar casi nada por la cantidad de gente que hay.

Importante: el camino de subida es diferente al de bajada, así que mejor hacer más fotos de la cuenta que quedarse corto y lamentarlo más tarde en casa. Cualquier rincón es susceptible de ser fotogénico!

La parte baja del santuario tiene puestos callejeros de comida de lo más curioso: desde perdices japonesas fritas hasta bolitas de pulpo (takoyakis). Había muchisimo donde elegir, pero nosotros nos hemos quedado con unos marumochis de judias azuki y de castañas y estaban buenísimos!

Después de comer ya en Kyoto, hemos cogido un autobús hasta la zona de Kiyomizu-dera, para callejear de nuevo por sus callecitas con encanto y descubrir de primera mano el primer Starbucks del mundo que tiene distribución de casa de té japonesa y que te permite disfrutar de tu bebida mientras estás felizmente sentado en un tatami. El local sólo lleva abierto 5 meses y, a juzgar por el ambiente, me temo que en poco tiempo se va a convertir en un fenómeno social y pasará a estar constantemente saturado. Nosotros hemos llegado a una buena hora y hemos estado un buen rato con nuestro té haciendo fotos y echándonos unas risas. Por cierto, el local se encuentra tan bien fusionado con el entorno de la calle que es fácil despistarse y saltárselo.

Con lo que no hay duda alguna es con el restaurante dedicado a Hello Kitty. Creo que es el escaparate de comida más mono de todos!! Absolutamente todos los platos que aparecen en él tienen alimentos, a cual más original, con forma de gatita japonesa. No me digáis que no inspira ternura! Además, dentro del local, cuando te sientas en la mesa, te ponen como acompañante especial un peluche gigante (tamaño persona adulta!!) de Hello Kitty que ocupa su silla como si fuera una más. Aúpa "Haro-Kiti" (tal y como suena su nombre en japonés!).

Y ya que hablamos de dibujos animados tiernos, justo al lado del restaurante hay una tienda con cosillas de varios personajes del estudio Ghibli (es decir, Totoro, Chihiro, Yubaba, Porco Rosso... y alguno más que no recuerdo ahora). Muy interesante tambien!

Terminamos el día cenando tempura en uno de los locales de la planta baja de la estación. No sé si es que hemos tenido un poco de mala suerte al coincidir con un cliente japonés bastante quisquilloso, pero las camareras no tenían muchas ganas de pasar por nuestra zona y el rato que teníamos pensado para cenar se ha alargado considerablemente. Una pena. Y la comida era bastante normalita, pero bueno, había que probar algo diferente para cerrar la primera etapa del viaje. Porque mañana, mal que nos pese, hacemos la maleta y volvemos al norte, donde la capital del país nos espera con los brazos abiertos. Esperemos que podamos disfrutarla tanto como la encantadora Kyoto.

Buenas noches, konbanwa!

Japon 2017 - 18 NOV (dia 5)

Sanjusangen-do es un templo budista que no deja indiferente a nadie. Y no me refiero sólo al exterior o la forma del mismo (que, para el que no lo sepa, es el edificio de madera más largo de Japón!). Es su interior el que se lleva el premio con diferencia.

Para empezar, dejas los zapatos en cualquiera de las baldas asignadas para ello o puedes meterlos en una bolsa de plástico (parece ser que esto es típico de templos muy concurridos). Y, subiendo una pequeña rampa, aparece el cartel de la historia del templo junto con el de FOTOS NO (y otro de "cuidadito, que cuando salgas voy a revisarte la cámara"). Así que ni he sacado las manos de los bolsillos. Sí, hacía frio y sin calzado se nota muchísimo más, ejem!

Lo que se ve a la derecha es una foto sacada de la red. No me ha quedado más remedio que recurrir a este préstamo porque intentar explicarlo es bastante dificil sin una imagen al lado. Esto es precisamente lo que no se puede fotografiar: la diosa Kannon de los mil brazos rodeada de mil estatuas a tamaño natural cubiertas de pan de oro. Brutal. Y en primera fila, protegiendo al conjunto, se encuentran otras 28 estatuas de deidades guardianas. La diosa Kannon se encuentra justo en medio, casi difuminada por una ligera nube de incienso constante. Si se tiene un poco de sensibilidad, da igual la creencia, es imposible no quedarse alli unos minutos contemplando ese rostro tranquilo y sereno de la gran estatua principal.

Por cierto, queda confirmado que cuando llueve, el "turismo (chino) de chincheta" se queda haciendo compras en los grandes almacenes. El resto de mortales debemos aprovechar esta oportunidad para por fin hacer turismo sin masificaciones. Suena a risa, pero no me quiero ni imaginar qué habría ocurrido esta mañana si todo hubiera estado colapsado de gente y griterío ininteligible. O si el templo Ginkaku-ji hubiera tenido más gente aún... uff que horror!! 

Este último ha sido protagonista (sin duda) del momento mágico del día. El templo en sí no está abierto al público, pero sus jardines son realmente preciosos, especialmente en el momiji de Noviembre. Cualquier rincón parece especialmente diseñado para provocar el asombro en el visitante y ser fotografiado. Además, justo al principio, tiene un jardín zen espectacular que incluye una representación del Monte Fuji. Para no perdérselo, vamos. 

A pocos minutos del templo, se encuentra el famoso "Paseo del Filósofo", un agradable camino de unos 2 km que transcurre junto a un canal lleno de cerezos. Su nombre se debe al filósofo Nishida Kitaro que solía meditar por aquí de camino al trabajo. Supongo que en la segunda mitad del S.XIX éste sería un buen lugar para ello, pero no me imagino hoy a este señor queriendo repetir sus buenas costumbres en plena temporada alta de floración del cerezo, por ejemplo. 

Quizá el paseo en esta época queda un tanto deslucido, aunque no olvidemos que los arces japoneses aportan ese fantástico color rojo a cualquier rincón por muy feote que sea. Arigato gozaimasu, Momiji San!!

Se nos ha hecho un poco tarde entre foto y foto, así que nos hemos quedado con las ganas de ver Nanzen-ji, que cerraba a las 5pm y que durante estos días también organiza visitas nocturnas a sus jardines. Qué le vamos a hacer - quizá mañana haya más suerte!

Como no sabíamos donde estaba la parada del autobús para el centro, nos hemos aventurado a caminar tranquilamente por una transitada calle que, según el mapa, nos llevaba directamente sin dar mucho rodeo. Ha sido muy interesante ver ese otro Kyoto actual y moderno, sin turistas, alejado un poco de la tradicional imagen que tenemos en la cabeza. Al menos en cuestión de edificios, porque por aqui también hemos visto lugareños con kimono, jeje!

Claro que a los 20 minutos (y aprovechando que hemos encontrado una parada de autobuses) ya hemos acortado el camino - algo que nos ha venido estupendamente, porque hacía ya demasiado frío. Hemos paseado un ratito y luego nos hemos encontrado la catedral católica de la ciudad. Varias fotos, intento de lectura de papeles y misa después, tenemos una experiencia más en nuestra mochila. De verdad, qué interesante ha sido ver cómo se realiza una misa en una cultura tan alejada de la nuestra como la japonesa. Sirva como ejemplo que aquí no se dan la paz con las manos unos a otros, sino que juntan las suyas, las apoyan en el pecho y hacen una reverencia a todos los que tienen alrededor. Madre mía, que cosas.

Conforme ha avanzado la tarde cada vez hacía más frio. Cuando hemos entrado en el Lipton Tea House para cenar, estaba casi a punto de tiritar. Menos mal que la cena nos ha ayudado a entrar en calor: pollo y ternera bien calentitos. Y, ojo, buenisimos de sabor, especialmente el pollo.

Hmmm,... parece que aún lo estoy saboreando!

En fin, dejo ya esto que si no, me voy a quedar dormida delante de la pantalla. Buenas noches, konbanwa!




Japon 2017 - 17 NOV (dia 4)

Qué buenos son, que nos llevan de excursión. Pues claro que si: los japoneses también nos permiten conocer el país gracias a su exquisito y puntual servicio de trenes.

A una hora de Kyoto se encuentra Nara, la antigua capital del Japón medieval. Teniendo el Japan Rail Pass, no hay problemas de acceso, pero conviene estar con margen suficiente para poder hacer el viaje sentado, porque es una línea bastante transitada y no se puede reservar asiento.

Una vez llegas a la estación no hay manera de perderse: tienen mapas muy bien explicados para que vayas directamente hasta el gran parque de la ciudad. 

Por si fuera poco, hay una señal inequívoca de que estás cerca del parque: un montón de coches parados durante un buen rato en un paso de cebra. Por favor, pinchad en la foto y observad con detenimiento. Exacto. Bienvenidos al parque de Nara... donde los ciervos son los indiscutibles protagonistas del recinto.

Y es que estos ciervos sika llevan mucho tiempo acostumbrados a los mimos de la gente. Hay varios puestos ambulantes de galletas especiales para ellos y por 150 yenes (1,16 euros) puedes disfrutar como un enano mientras les das de comer, haces fotos, vídeos, y hasta les esquivas cuando salen a tu paso pidiendo más. También se acercan a las tiendas y asoman la cabeza a ver si hay comida. Definitivamente, somos su despensa ambulante. Por eso, cuando no les haces caso, terminan buscándote de alguna manera. Hay carteles en el parque avisando que lo mismo te pueden morder o darte algún lametón, así que hay que estar atentos.

Obviamente los lugareños están más que acostumbrados. Me ha sorprendido muchísimo ver a un grupo de pequeñajos que estaban de excursión escolar. Estos animales son casi más altos que ellos y, sin embargo, ahí estaban dándoles de comer y sin miedo alguno.

Y, no sé si esto es todos los viernes, pero aquí había muchos más grupos de varias edades, cada uno con su traje y/o gorrito distintivo. Por cierto, que uno de ellos nos ha hecho una encuesta cultural. Tendrían entre 10 y 12 años, y estas preguntas formaban parte de una actividad de la clase de inglés. Se han presentado, nos han preguntado como unas 10 cosillas típicas (de dónde eres, cual es tu comida favorita de Japón, qué ciudad te gusta más de Japón,...), vamos, todo muy básico, pero todo un logro para estos chavales. Al final nos han regalado una pajarita de papel como gesto de agradecimiento (preciosa!!) y nos hemos hecho unas fotos. Ohhhh... que majetes!!

** Dato para los curiosos: aunque el gran parque de la ciudad se creó a finales del S.XIX, los ciervos siempre se habían considerado sagrados en la zona. Según cuentan, uno de los cuatro dioses del Santuario Kasuga (que está actualmente dentro del recinto) se apareció un día montado en un ciervo blanco. Desde entonces, se consideran animales sagrados e intocables.

Por cierto, estos ciervos mueven la cabeza de arriba a abajo como si estuvieran saludando. Supongo que será algo que ha ido pasando de generación en generación después de tantísimo contacto con los humanos, pero si haces una reverencia antes de darles comida, ellos te la devuelven automáticamente. Es tremendo.

De Sintoísmo no sé casi nada. Digamos que la idea que tengo desde siempre es bastante estereotipada y asocio los Torii (esos grandes arcos rojos) con una especie de búsqueda de paz interior. Pero claro, conseguir esto con tanta gente es bastante complicado. Hasta que hemos entrado en el santuario Tamukeyama Hachimangu - un humilde recinto que casi pasa desapercibido, donde la tranquilidad y el silencio casi se palpan. Aunque se ha reformado varias veces, tiene partes bastante descuidadas aparentemente, pero cuyo valor se puede apreciar una vez te acercas. 

Pero quizá la verdadera razón por la que este santuario queda fuera del radar turístico es que a poco más de 5 minutos se encuentra el impresionante templo budista Todai-ji, la gran construcción del parque. Está fechado en el S.VIII y contiene una de las imágenes de Buda en bronce más grandes del mundo. Digamos como referencia que esa mano que ve en la foto mide unos 2 metros y medio. Ahí es nada. Y, ojo, que en su día la estatua estaba cubierta de pan de oro. No quiero ni imaginarme lo que debía de ser aquello. De todas formas, por muy grandioso e imponente que sea este templo, me quedo con la armonía del santuario anterior. 

De vuelta a Kyoto el tren iba llenísimo. Hemos dejado los trastos en el hotel rápido para cenar en Nishiki Warai, uno de los locales del centro comercial The Cube de la estación de tren. Pero, como el folleto donde lo habíamos visto anunciado no especificaba por dónde había que subir hasta esa zona (porque la estación es tan grande que uno se pierde) nos hemos acercado hasta la ventanilla de información. Cuando le hemos dicho a la que estaba allí dónde teníamos pensado cenar, la pobre casi se ha echado las manos a la cabeza en plan "a ver cómo os lo explico yo ahora..." - y el resultado ha sido el maravilloso esquema en bolígrafo de la parte superior. Y, sí: al final hemos conseguido llegar, a pesar de los problemas de comunicación. Hemos tomado okonomiyaki y una especie de crep salado gigante.

Felices sueños y a descansar de este precioso día en Nara. 
Konbanwa!!                                    

Japon 2017 - 16 NOV (dia 3)

Cambiamos de día y cambiamos de zona a visitar. Hoy nos movemos hasta el norte para ver el área de Arashiyama, el lugar preferido en su día por la familia imperial para escapar del sofocante calor del verano. 

Además de pasear cerca del río y disfrutar de los colores otoñales del Momiji (hoja roja del arce japonés), se pueden ver templos y santuarios: en nuestro caso, hemos escogido una entrada combinada de templo y jardines Tenryunji (hay que verlos en este orden).

A la entrada del templo - cómo no - se encuentra la zona especial para dejar el calzado. Y una vez dentro, ya puedes pasear tranquilamente por la nave central y por una especie de camino techado que transcurre junto a unos jardines preciosos. Nos ha parecido una pasada pero cuando en la calle hace 7ºC y caminas sólo con calcetines, en fin, qué frío te entra.

Aunque también se pueden ver desde el templo, las vistas de los jardines Tenryunji son una pasada, especialmente en esta época, con esa mezcla de rojos, marrones, amarillos y verdes. Dan ganas de quedarse horas y horas contemplando esta maravilla. Aunque luego te das la vuelta, ves la cantidad de gente que tienes por todos lados y se te quita un poco la emoción. Es lo que tiene estar en el segundo lugar más turístico de Kyoto. 

Por cierto, aquí también hay muchos (muchiiiiiisimos) chinos - parece que esto ya no es algo anecdótico y se está convirtiendo en una estampa habitual de los viajes. Qué fácil es indentificarles por esa mala educación que tienen haciendo fotos o dando gritos para casi todo. Paciencia pues.

Aunque donde más molesta tener gente es en el bambusal que hay en la entrada norte del recinto. Puede que sea una de las estampas más conocidas del parque, perfecta en colores, sinónimo de armonía... pero hoy por hoy es complicadísimo hacer una foto sin tropecientas mil personas paseando a la vez. Según me ha parecido leer, el viento suele agitar los troncos creando un sonido único, pero ni nos hemos molestado en averiguarlo, porque nosotros solo oíamos algo así como "ni haooo... mei haooo kan... oyoooowaaaa.." (léase en tono de saludo de tienda de todo-a-cien de barrio). En fin.

El santuario de Nonomiya es justo lo que necesitábamos para comprender un par de cosas muy importantes: primero, que a pesar de todo, aún quedan sitios fuera del radar de la masificación y, segundo, que el turismo chino es básicamente "turismo de hacer foto famosa para añadir a la lista de méritos". 

Nonomiya es un pequeño y discreto santuario sintoísta  donde uno puede pasear sin problemas ni agobios. Y sin aglomeraciones orientales, por supuesto. En su día aquí venían las princesas niponas que buscaban purificarse. Hoy los sintoístas pueden rezar a sus deidades mientras los demás intentamos pasear por allí con el mayor de los respetos. 

Las mejores vistas de Kyoto sin duda están en lo alto del monte al otro lado del río Katsura. Hay que hacer una buena subida de unos 20/25 minutos para finalmente llegar al mirador y descubrir que todo está plagado de macacos japoneses. Hay una serie de normas básicas (no hay que tener demasiado contacto visual con ellos, hay que mantener la distancia de seguridad, no hay que agacharse en ningún momento. Pero luego te das cuenta de que están más que acostumbrados a los humanos y que lo importante es dejarles estar a su ritmo. 

Una curiosidad a descatar: se les puede alimentar desde dentro de una caseta especial con rejas. Es decir, uno se mete en la caseta, compra una bolsa de cacahuetes, y pone la mano firme y recta junto a las celdillas hasta que algún macaco se acerca, mete la mano y pilla el tesoro. 

A media hora de distancia (y un enlace de autobuses) se encuentra Kinkaku-ji, el pabellón de oro. Es otro de esos sitios saturados de gente haciendo fotos como si no hubiera un mañana pero, como hemos llegado al atardecer, la gente rotaba bastante rápido de la primera fila del mirador del lago y al final se ha hecho bastante llevadero. El pabellón en sí no se visita por dentro (parece que no se puede) pero sí que hemos hecho muchas fotos por fuera y por los jardines adyacentes. Es una de esas visitas que hay que hacer aún sabiendo lo turístico que es.

Terminamos el día cenando en Tsukiji Sushisei. Hemos tomado buen sushi aunque, todo hay que decirlo, ya habíamos probado mejores piezas en la península. Con esto cae el mito de que en este país está el mejor sushi, jaja! Eso sí, hemos cenado en la barra y hemos disfrutado como enanos mientras los lugareños intercambiaban palabras y el camarero preparaba nuestras piezas con esmero.

Se me olvidaba comentar que en el autobús desde el Pabellón de Oro hasta la estación hemos coincidido con un mochilero argentino muy aventurero que está recorriendo el país sacándole todo el partido al Japan Rail Pass. Ha sido una conversación muy divertida. Ahora que lo pienso, ni se ha presentado ni sabemos su nombre, pero seguro que durante el medio mes que le queda por estas tierras, se lo va a pasar estupendamente.

Buenas noches. Konbanwa!! ;)

Japon 2017 - 15 NOV (dia 2)

Como ya nos habían avisado, la mejor manera de moverse por Kyoto es con autobuses, así que esta mañana hemos comprado el "One-day pass" por 500 yenes. Esta tarjeta te permite barra libre de autobuses durante todo el día. La primera vez que la usas se imprime la fecha como validación y es posible que para agilizar la bajada de pasajeros, el conductor pueda requerir sólo que enseñes la tarjeta en vez de la máquina automática. Por cierto, aquí los autobuses funciona de manera peculiar: si no tienes este pase, hay que introducir el importe exacto en monedas (230 yenes) - si no tienes cambio, hay una máquina junto al conductor para ello. Ah, y lo mejor de todo: al autobús se entra por la puerta de atrás y se sale por la de delante. Toma ya.

Para estrenarlo a lo grande, nos hemos acercado hasta la zona de Kiyomizu-dera. Se encuentra al Este y es quizá uno de los sitios más visitados (y por tanto más concurridos) de la ciudad. Pero que esto no asuste a nadie: hay tantísimo espacio que se hace muy llevadero. Otra cosa es que la foto no te quede despejada, pero resulta que es MUY TIPICO visitar la ciudad y sus templos con el traje tradicional, así que OH SORPRESA  hemos tenido una suerte loca y en casi todas las fotos salía alguien vestido "de japo"!! Vamos, que entre foto y foto, nos hemos encontrado con unos momentos espectaculares. 

Ole y ole!!

Pero volvamos al templo Kiyomizu-dera. Éste se encuentra en lo alto de una colina y el autobús te deja en la parte baja a unos 10/15 minutos andando. No está mal. 

Una vez en el recinto, se puede dar un paseo por los jardines de la entrada para luego entrar en el templo en sí. Y, cómo no, antes hay que lavarse las manos en la fuente de la entrada: primero, se coge el cazo con la mano derecha para lavar la mano izquierda y después se coge con la izquierda para lavar la derecha. 

El templo tiene una zona sagrada donde es obligatorio entrar sin zapatos. En teoría los dejas sin problema y nadie se los lleva. Al menos, conscientemente, porque seguro que un despiste lo tiene cualquiera. A mí me daba mucho agobio dejarlos (después de lo que ocurrió en Suiza con los paraguas... en fin), pero puedo asegurar que hoy nadie se ha despistado con los nuestros. De todas formas, horas más tarde hemos visto a una turista con una bolsa en un pie y eso tenía toda la pinta de mala suerte tras pasar por un templo. Toquemos madera para no tener sustos de este estilo.

Se me olvidaba: este año han comenzado las obras de restauración del templo y por eso todo visitante hasta 2020 se va a encontrar un andamio gigante de color marrón cubriéndolo todo. La verdad es que las fotos panorámicas quedan bastante pobres pero bueno, seguro que la próxima vez que vengamos tendremos la posibilidad de disfrutar de unas vistas preciosas.

La bajada del templo puede ser un agujero negro en tus planes. De repente, se abren ante tí un infinito número de tiendas de regalos y sitios para probar comida del que no sabes salir. Todo te gusta, todo te emociona. Aviso a navegantes: si os gusta brujulear, cuidadín con esta calle que os perdéis para siempre!

La verdad es que el día acompañaba bastante para pasear (incluso ha habido un momento que teníamos un calor impresionante). Por eso nos hemos dejado llevar por las preciosas calles de Nene-no-Michi, Ishibei-koji y alrededores. También hemos visto un poco los jardines de Kodai-ji, donde había bastante ambiente de lugareños. 

Terminamos el paseo en la zona de Gion, donde hemos visto una Geisha (!!!) a la que hemos fotografiado sólo por detrás y muy rápido. Luego hemos cenado en Itoh, un restaurante un tanto escondido pero que ofrece una tranquilidad y un trato más que estupendos. Aunque uno de sus platos estrella es la ternera de Kobe, hemos decidido dejarlo para otra ocasión (y en su sitio) para probar una espectacular carne wagyu (también raza japonesa pero sin tantos mimos en la elaboración)

Ahora a dormir. Konbanwa!! 

Japon 2017 - 14 NOV (dia 1)



Ya lo decían los No me pises (...) en los 90: "Japón,... mira que está lejos Japón". Y, efectivamente, está muuuuy lejos, a más de 10.000 km de la península ibérica y con 8 horas de diferencia horaria pero, por lo que hemos experimentado hasta ahora, merece MUY MUCHO la pena el esfuerzo.

Y es que en realidad el viaje comenzó ayer lunes día 13. Pillamos un vuelo prontito hasta Londres y ahí estuvimos unas horas esperando hasta poder embarcar en nuestro B777 dirección Tokyo Narita. Casi 12 horas después estábamos aterrizando en Japón pero, obviamente, con el cambio de uso horario, en realidad ya habíamos pasado de día. Puede parecer una paliza, pero de verdad que no lo es tanto porque te pasas gran parte del vuelo durmiendo (algo que hay que hacer sí o sí para poder aguantar bien las horas siguientes del tirón y así no sufrir demasiado el jetlag).

Por cierto, durante el vuelo te entregan unas hojitas para poder pasar luego la aduana sin problema. A diferencia de EEUU, aquí no sólo hay que rellenar una por familia, sino que exigen otra extra por cada uno de los miembros de la misma. Una vez en tierra, te toman las huellas de los dos dedos índices en unas máquinas de color rosa (a las que sólo les faltaba el dibujito de Hello Kitty... sin exagerar!!) y luego te hacen el control individual de las cabinas de policía nacional. Lo bueno es que aquí hay mucho más personal y estos trámites se agilizan muchisimo. Tiempo total empleado... menos de 5 minutos!!!

Una vez fuera y tras esquivar a todos los impacientes familiares del hall de llegadas, hay que buscar la oficina del Japan Rail Pass. No lo había dicho pero es importante hacer los deberes y comprar el bono en tu país de origen desde tres meses antes de usarlo. En la T2 de Narita, esta oficina se encuentra justo debajo del hall de llegadas. Como no hay carteles por ningún lado, hay que echarle imaginación y alegría y preguntar a algún amable empleado. 

** Recordatorio: llegadas / dirección derecha / bajar escaleras / hacia la derecha / pasillo / cruzar puerta / JR Pass Office a la izquierda, con cartel rojo

En esta oficina es donde se canjea el bono comprado y te dan la cartulina oficial del Japan Rail Pass, que habrá que enseñarla cada vez que se quiera montar en tren. También te gestionan combinaciones de trenes y horarios para que tu llegada a destino sea la más eficiente posible. De verdad, son majisimos!

En nuestro caso, nos han sugerido el Narita Express hasta Tokyo Shinagawa y desde alli el shinkansen (tren rápido) hasta Kyoto. Como hemos querido dejar un poco de margen para no apurar tanto en el trasbordo, nos ha dado tiempo a comprar uno de esos bentos (bandejas de comida para llevar) y un pequeño postre extra. 

Por cierto, en este país el orden es casi una máxima. Lo que se ve en la foto es la zona perfectamente delimitada donde los pasajeros deben esperar al tren, según el vagón que les haya correspondido. Las vallas metálicas sólo se abren cuando el tren está casi a punto de parar y la gente entra de manera silenciosa y tranquila buscando su asiento. Ojalá fuera así en todos los países, verdad?

Cuando hemos llegado a Kyoto nos hemos quedado embobados. Estamos en la parte moderna y aún así se pueden encontrar callejones tan chulos como el que se ve en la foto. Hay mucha gente, pero en ningún momento tienes sensación de agobio. Al menos, eso ocurre un martes por la noche!

Y, por lo general, uno se queda embobado con cada paso que da, mientras los paneles iluminados anuncian mil y una cosas ininteligibles para el mundo occidental (excepto el que sepa el idioma, claro). Es imposible no mirar con detenimiento a los viandantes, aunque hay que recordar que aquí somos nosotros los exóticos y que se nos ve a la legua. Encontraremos españoles? Va a ser que sí. Ya nos hemos cruzado con un pequeño grupo en la calle.

Esta noche hemos cenado en uno de los pequeños locales que hay bajo la estación de tren, Konana. Hemos cenado un par de platos de noodles que estaban buenísimos (uno de salmón y otro de pollo). Aquí se toman con palillos y... hay que sorberlos de un tirón para que el propio fideo no te salpique en su recorrido hacia dentro. Para nosotros, hacer esto es casi impensable, pero aquí es una costumbre y casi una obligación para comer bien el plato. El truco está en empapar bien los fideos, porque si no es casi misión imposible. 

Ya en la habitación nos hemos echado unas buenas risas con la distribución de gadgets y, sobre todo, con las maravillas de la taza del WC. Pero eso lo dejaremos para otro día. Ahora a descansar y recargar pilas para mañana.

Konbanwa!! (buenas noches!)




Londres 2017 - 29 OCT (dia 2)

Qué maravilla tener que madrugar cuando ha habido cambio de hora de invierno. 

Esta mañana hemos visitado uno de los refugios subterráneos utilizados durante el Blitz (bombardeos casi continuados que sufría el país por parte de la Alemania Nazi en la II Guerra Mundial). Se encuentra junto a la estación de Clapham South y para poder verlo se necesita basicamente... muchisima suerte. No exagero nada si digo que llevo años intentando conseguir una entrada. Los pases están limitadísimos y sólo tienen lugar determinados días del año. Así que, como decía, hay que tener toneladas de suerte y que se alineen los planetas, por ejemplo.

Aunque empezaba a las 10 am, había que estar 15 minutos antes para el chequeo, asignación de pulseritas naranjas, y breve explicación  de las normas (qué se puede y qué no se puede hacer). También te repiten hasta la saciedad que hay 180 escalones de bajada que después serán de subida - y son todos seguidos, sin descansillos, en una escalera de caracol -. Obviamente después de todo lo que nos ha costado venir hasta aquí, esto no nos iba a echar para atrás (= "Mayra, hemos venido a jugar"). Así que, sin dolor ni miedo nos hemos adentrado hacia las profundidades del refugio. Por cierto, el punto de encuentro está en la puerta principal de la estación, pero la bajada se hace desde una pequeña puerta escondida a pocos metros tras una estructura redonda y blanca que se conoce como "The Drum".

Sí. Se pueden hacer fotos. Todas las que quieras. Pero hay que tener en cuenta que el grupo es de unas 15/20 personas y, como los túneles son estrechos, no siempre se puede conseguir la mejor perspectiva. Aún así, repito, merece muchísimo la pena!

Durante los 75 minutos que dura el tour, te explican perfectamente cómo los alemanes empezaron a bombardear la isla de mala manera y cómo sus habitantes buscaban refugio donde podían, generalmente en una estación de metro. Hasta que una bomba cayó en una calle y provocó la muerte de unas 70 personas que estaban escondidas en los túneles. La gente empezó a protestar y a exigir una protección decente que estuviese bajo tierra. El gobierno entonces habilitó 8 refugios con una capacidad máxima de 8000 personas. El que hemos visto hoy es el que mejor se conserva y el único que se puede visitar.

Durante los bombardeos aquí abajo no sólo se podía dormir, sino que había una cantina donde servían comida, servicios (12 duchas, ojo!!), zona de baile, servicio médico y hasta un superintendente que organizaba un poco esta pequeña ciudad subterránea. 

Tras finalizar la guerra los túneles se quedaron para oficinas ministeriales durante un corto periodo y después hizo las veces de motel barato para eventos concretos... hasta que un incendio ocurrido en 1956 obligó a cerrar definitivamente el recinto. Muchos años después es cuando se rehabilitó todo de nuevo y se decidió organizar estas visitas. Gracias desde aquí a la mente pensante del proyecto.

Dejo aquí un pequeño video de la época donde se presenta la apertura de estos refugios. Las imágenes hablan por sí solas:


...

En fin, que nos ha encantado todo lo que hemos visto, porque hemos aprendido de primera mano muchísimas cosas. Por momentos podías imaginarte cómo podría ser el estar allí durante horas, mientras una tenue luz iluminaba tu pequeño cubículo de literas y el ruido del metro rellenaba cualquier intento de silencio. Qué tiempos tan duros, por favor.

Termino ya estas líneas con un simpático mensaje que hemos visto en el tablón de avisos del metro:

"HELLO WEEKEND. Be the reason why someone smiles today"
Saludos, Fin de Semana. Que seas la razón por la que alguien sonría hoy. 

Me encanta :)

Londres 2017 - 28 OCT (dia 1)

No hay nada como salir de la península para darte cuenta de que fuera de ella existen las nubes, el frío, la humedad y unas temperaturas fresquitas, propias de esta época del año. Hola Londres, hola otoño! Cuánto tiempo, por favor. 

Para celebrarlo nos hemos dado un buen paseo por la zona del río, aunque esta vez hemos hecho buena parte del mismo por la zona norte (menos saturada de gente). Luego hemos cruzado por el Millennium Bridge para hacer mejor las fotos de la puesta de sol y, sobre todo, para acercarnos hasta la Tate Modern.

Hace unos días nos enteramos que en el hall de entrada habían montado un péndulo gigante en el techo y que, para poder experimentar mejor su oscilación, habían puesto una moqueta enorme donde poder tumbarse. Puede sonar a tontería supina, pero creo que todos los que estábamos allí hemos disfrutado mucho cuando la bola pasaba por nuestras cabezas y hemos hecho tropecientas fotos desde todas las perspectivas posibles. 

En la zona del fondo también han montado una estructura de tuberías de color naranja y en ella han colgado varios columpios para que dos, tres y hasta cuatro personas puedan disfrutarlo a la vez. Aquí había mucha cola (normal) y, como tampoco teníamos todo el tiempo del mundo, hemos pasado un poco del tema. Pero tenía una pinta estupenda. No sé, quizá en otra ocasión, jaja!

Terminamos el paseo en la zona de Monument, cerca ya de la Torre de Londres. Aquí se encuentran los restos de una antigua iglesia, St Dunstan in the East que, tras los bombardeos de la II Guerra Mundial, se quedó como testigo mudo de la barbarie en este pequeño parque público al que da nombre. La iglesia (que se había levantado sobre una iglesia sajona del S.X) ya había sido reconstruida tras el gran incendio de 1666. Y pasear por este pequeño espacio abierto en medio de tantos edificios es bastante raro, pero bueno, supongo que entre semana quizá haya muchos trabajadores estresados que vengan aquí café en mano buscando un momento de paz y desconexión laboral.

Nosotros sólo hemos estado un rato haciendo fotos mientras se iba haciendo de noche, pero parece que en esta época del año mucha gente viene disfrazada para colgar su foto especial en Instagram o compartirla en Facebook.

Tras un largo paseo de vuelta nos hemos dado un buen homenaje gastronómico en el Yauatcha del Soho. Ya habíamos estado aquí otras veces pero jamás nos habían aconsejado tan bien como hoy. El camarero (supersimpático) ha conseguido que probemos cosas tan espectaculares como los dumplings de venado de la foto (madre mia que bueniiiiisimos!). 

Ahora a dormir, que estoy que me caigooooo...zzzz...zzzz...